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The Holders

En el documental The Holders se cuestiona la cosificación y uso que los humanos hacemos de los otros animales. La situación de los animales sin hogar y la relación que mantenemos con los compañeros más cercanos, son los temas centrales de este documental que atraviesa una problemática que es común a todos los lugares donde se producen animales domesticados para compañía, guardia, etc.

Dirigido por Carla Forte y editado por Alexey Taran, también director de fotografía, con el texto y la narración en off de Ana María Aboglio, directora de Ánima.

Jaie Laplante dijo, lo fascinante de The Holderses que es un filme no tanto acerca de las mascotas sino acerca de los seres humanos y el modo en que la vida es valorada.

Estrenado en el 32º Miami International Film Festival y seleccionado para el Festival Internacional de Cine de Guayaquil, Ecuador, el 24th St. Louis International Film Festival (SLIFF), y para el Los Angeles CineFest, y seleccionado para su exhibición en el 13th Matsalu Natures Film Festival 2015 Lihula, en Estonia.

Fuente: anyaboglio.com

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Conferencia: Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas

Conferencia de Melanie Joy, psicóloga social y escritora, sobre el vegetarianismo, veganismo y carnismo. Melanie es autora del libro «Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas», donde se expone cómo funciona el «carnismo».

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Salvemos a los Humanos

(Columna escrita por Moby) Hace algunos años hablaba con Al Gore (así es, lo nombré). Le hice una pregunta muy simple y mordaz: “El sector de ganadería contribuye en un 18% a los gases que causan el cambio climático. ¿Por qué no mencionó esto en su libro o película?”.

Su respuesta fue desconcertantemente honesta. Y lo estoy parafraseando pero dijo algo como: “Para la mayoría de las personas, el rol de la ganadería en el cambio climático es una verdad demasiado incómoda”. Nos gustan los productos animales. Bueno, a ti te gustan. Yo he sido vegano por 28 años, así que siendo honesto, ni siquiera recuerdo a qué sabe la carne.

Pero colectivamente, como especie, parece gustarnos los productos animales. Muchísimo. Consideren lo siguiente: Cada año, en Estados Unidos se crían y matan alrededor de 10 billones de animales de ganado. Globalmente, estamos criando y asesinando 56 billones de animales de ganadería al año. Si suman correctamente, eso significa que estamos matando a 1.776 animales cada segundo de cada día para obtener comida. Y eso es sin contar los peces y otros mariscos. Pero a pesar de que soy vegano por razones éticas, no quiero escribir sobre las éticas de la ganadería. Quiero escribir sobre las formas en la cual la ganadería está matándonos y arruinando nuestro planeta.

bife

Lo sé. Esto suena como una hipérbole de un partido de izquierda. “¡Está matando a nuestro planeta!” Pero a veces una hipérbole no lo es realmente. A veces una hipérbole es simplemente una verdad tan clara como el día. Comenzaré por el cambio climático. La ONU emitió un conservativo informe en el cual reportaron que el sector ganadero causa alrededor del 18% de las actuales emisiones de gases de invernadero.

Para ponerlo en perspectiva: la ganadería es responsable de producir más gases de cambio climático que cada auto, bote, bus, camión, motocicleta y avión en el planeta. Combinados. Pero nos gustan los animales –o al menos criarlos y comerlos–. Por lo que aceptamos ese intercambio: productos animales por el cambio climático. El clima es complicado. Y el cambio climático es complicado. Pero el rol de la ganadería en el cambio climático no lo es.

¿Y qué sucede con la hambruna? Hay más de 7.000.000.000 personas en el planeta y muchos de ellos están muy, muy hambrientos. Articulo tras artículo y libro tras libro se hace la misma pregunta: “¿Cómo hará el planeta para alimentar a 7 u 8 o 9 o 10 billones de personas?” Las discusiones se vuelcan hacia los fertilizantes y organismos genéticamente modificados (OGMs) y a tierras cultivables. Pero aquí les presento una idea dolorosamente simple: dejemos de darle comida humana al ganado.

Se necesitan alrededor de 6 kilos de granos para hacer medio kilo de carne –el cual podría alimentar a un par de personas por un par de horas–. Haciendo la comparación, 5 kilos de granos usados para alimentar a humanos directamente puede alimentar a 13 personas por gran parte del día. Desde un punto de vista global no tenemos un problema de hambruna; tenemos un problema de ganado. Alimentar animales y luego comerlos es como calentar tu casa en invierno quemando madera en el patio.

ganaderia

Hablando de inviernos: hace algunos años, cansado de los fríos inviernos de Nueva York, me fui a vivir a California. El año pasado en Los Ángeles tuvimos cerca de 362 soleados y hermosos días. Había 26º en Navidad y no había una sola nube en el cielo. Lo cual es genial, solo que California y la mayoría del Oeste hoy viven una de las peores sequías registradas en la historia.

A los californianos se nos ha pedido tomar duchas más cortas y usar menos agua en nuestros jardines. Ambas son buenas ideas. Pero pongámoslo en perspectiva: una ducha larga usa cerca de 150 litros de agua. ¿Cuánto usa el crear una hamburguesa de 150 gramos? Unos 15.000 a 68.000 litros de agua.

Más del 90% del agua en California es usada en el área agropecuaria. Una parte de ella es muy responsable con el uso del agua. Por ejemplo, se necesitan cerca de 817 litros de agua para producir medio kilo de soya. Pero también hay una parte que ocupa el agua de una forma notoriamente intensiva –incluyendo la agricultura de arroz y algodón, pero especialmente el sector ganadero–. Cada kilo de pollo necesita de 1900 litros de agua, y el cerdo necesita 2.180 litros.

En lo personal, me gustaría hacer un trato con California. Tomaré duchas mucho más cortas si deja de subsidiar el uso del agua para la ganadería. Si simplemente pasara rápidamente por la ducha, no creo que usaría ni 18 litros de agua por ducha. Y luego de 132 duchas, habría usado la misma cantidad de agua que se necesita para hacer medio kilo de carne.

Entonces, ya hemos establecido que un estimado de 56.000.000.000 animales de ganadería en el planeta usan mucha agua y granos para crear mucho metano y dióxido de carbono. Pero esos billones de animales también producen desperdicios. Del tipo realmente asqueroso, no solo los gases de calentamiento climático invisibles.

vacas

Pongamos eso en perspectiva también: las amables personas de Filadelfia son responsables de aproximadamente 1.000.000 toneladas de orina y heces anualmente. Y tan solo una gran granja de cerdos produce cerca de 1.600.000 toneladas de orina y heces al año. Una gran granja de cerdos produce anualmente unas 600.000 toneladas más de orina y heces que la ciudad de Filadelfia.

Nuestros lagos y ríos se ensucian cada vez más con la proliferación de algas. Las aguas subterráneas están siendo contaminadas. Y el principal culpable es el ganado. Los 56 billones de animales de ganado que habitan el planeta producen toneladas y toneladas de heces y orina anualmente – tres veces más que lo que producen los humanos–.

Y en adición a la contaminación de nuestro suministro de agua, también está contaminando nuestros hogares. Una investigación de la Universidad de Arizona encontró más heces residuales y desperdicios en la cocina de un omnívoro promedio que en los basureros de sus baños. Esto debido principalmente a la carne que llevan a sus casas.

Los animales viven en sus propias heces y orina y cuando los matan y empaquetan, traen consigo sus heces y orina. A tu hogar. También traen pesticidas, antibióticos, hormonas de crecimiento, colesterol y grasas saturadas.

Con esto en mente: los estudios sugieren que si todos dejáramos de alimentarnos con animales y con productos derivados de animales mañana mismo, veríamos una caída significativa en los niveles de obesidad, enfermedades cardiacas, diabetes y algunos cánceres. No tenemos una epidemia sanitaria mundial; tenemos una epidemia de ganadería a nivel mundial. Una parte muy grande del presupuesto de salud del mundo occidental está dedicado a curar enfermedades que son consecuencias directas del consumo de productos animales.

Y no soplaré muy fuerte del cuerno con el que invoco a otros veganos, pero ellos tienen tasas considerablemente más bajas de obesidad, diabetes y algunos cánceres. Cuando le hablo a las personas del área ganadera y de comer carne, muchos me dicen: “Pero la carne es más económica”. Y lo es. Pero solo porque está fuertemente subsidiada por nuestros impuestos. En los Estados Unidos gastamos billones de dólares anuales en subsidios directos e indirectos a las industrias de carne y leche. Esos billones de dólares provienen de los impuestos que pagamos y están subsidiando a un producto que arruina al medioambiente y daña nuestra salud.

moby

Subsidiamos los granos con los que alimentan al ganado. Subsidiamos el agua que se usa para la producción ganadera. Nosotros, los que pagamos nuestros impuestos, subsidiamos al sector ganadero. ¿Y qué obtenemos a cambio? Gases de cambio climático. Y trillones de kilos de desperdicio animal que contamina nuestros lagos y ríos y reservas naturales. Obtenemos un producto que causa cáncer, diabetes, enfermedades cardiacas y obesidad.

Y, dejando lo mejor para el final, también terminamos con enfermedades zoonóticas. “Zoonótica” es una palabra divertida y que suena elegante. Suena como si se refiriera a una parte muy erudita de un zoológico, en la cual los animales leen libros y viven en botes. Pero las enfermedades zoonóticas no son ni divertidas ni elegantes. Puede que algunas de ellas te suenen conocidas: E.coli, Salmonella, Síndrome Respiratorio Agudo (SARS), Gripe Aviar, Ébola, e incluso algunas muy familiares como la viruela y el resfrío común. Las enfermedades zoonóticas vienen de los animales, y en muchos casos, de la ganadería.

Afortunadamente, hasta ahora hemos podido tratar la mayoría de las enfermedades zoonóticas con antibióticos. Pero el problema es el siguiente: los animales en las granjas ganaderas están tan enfermos y tan malas condiciones, que lo único que evita que mueran antes de ser llevadas al matadero son los antibióticos. Se les da cantidades obscenas de antibióticos mientras viven y ellos están luego en su leche, huevos y carne.

Cuando comes un animal, comes su grasa y músculos pero también todos los antibióticos que se le han dado a ese animal durante su vida. El doble golpe de las enfermedades zoonóticas es causado por la ganadería: los animales son la fuente de las enfermedades zoonóticas, pero también son la fuente de la resistencia a los antibióticos. Y por eso es que las enfermedades zoonóticas pueden matarnos, especialmente debido a que la ganadería ha creado super-bacterias que no responden a los antibióticos convencionales.

Ese es el entretenido mundo de la ganadería. Un resumen simple:

Ganadería:

Usa toneladas de granos que podrían usarse para alimentar a personas en forma directa. Usa toneladas de agua fresca que podría usarse para cultivar alimentos saludables. Produce toneladas de orina y heces que arruinan nuestros lagos, ríos y agua potable. Es responsable de aproximadamente el 18% de las emisiones de gases invernadero. Contribuye a la obesidad, diabetes, enfermedades cardiacas y cáncer. Causa enfermedades zoonóticas epidémicas. Contribuye a la creación de super-bacterias resistentes a los antibióticos. Y es fuertemente subsidiada por nuestros impuestos.

Como especie, nos vemos cara a cara con problemas complicados y que aparentemente no tienen solución. Y además nos enfrentamos a la ganadería. Así que en vez de enfocarnos en los problemas duros y que aparentemente no pueden ser solucionados (como el curar la calvicie) simplemente enfoquémonos en algo fácil y con un beneficio fenomenal: poner fin a la ganadería.

Todo lo que debemos hacer es dejar de subsidiarla y dejar de comprar productos animales. Simple. Y los gases de cambio climático se reducen en un 18%. La hambruna podría terminar. El agua fresca podría volverse limpia y más abundante. Podrían disminuir las muertes por cánceres y enfermedades cardiacas y diabetes y obesidad. Así como también las enfermedades zoonóticas.

Realmente es así de fácil. Hemos logrado superar cosas difíciles en el pasado. Hemos terminado con la esclavitud. Les hemos extendido a todos el derecho a voto. Hemos aprobado leyes que prohíben que los niños trabajen en fábricas. Avanzamos hacia una época en la que el fumar cigarros se verá como una memoria viciada y distante.

Podemos lograrlo. Tenemos que lograrlo. Nuestra dependencia en la ganadería es lo que, literalmente, nos está matando y arruinando el clima de nuestro planeta. Terminaré citando a Albert Einstein:

“Nada beneficiará tanto la salud humana e incrementará las posibilidades de supervivencia de la vida sobre la Tierra, como la evolución hacia una dieta vegetariana”. -Albert Einstein

Autor: Moby / Fuente: www.upsocl.com

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El peor aspecto de la explotación láctea

Industria láctea

Hace poco, conversé con una mujer que se me acercó durante la campaña “El mundo es vegano. Si vos lo querés”, del programa Liberalos/Liberate de Ánima. Sus primeras y contundentes palabras fueron para manifestar que no estaba de acuerdo. Yo no sabía bien con qué y al preguntarle, volvió a repetir la misma frase. Luego de un momento me explicó:

—La leche, por ejemplo, no significa ningún sufrimiento animal.

Al parecer estaba muy desinformada pero, tras mi primera acotación respecto del tema, contestó que ella tenía tambo, y sabía bien cómo era. Aunque al principio no parecía entender que si una vaca tenía leche era porque había tenido a su ternero y como todo mamífero necesitaba alimentarlo, luego reconocía tal posibilidad pero agregando que, si había algún ternero… en el tambo lo dejaban pastando por ahí. Su hija adolescente discrepó:

—No, mamá, viene el camión y se los llevan.

El intento de la madre humana para defender la idea de la falta de sufrimiento siguió luego valiéndose de otros desaciertos hasta que, imprevistamente, apareció el mandato bíblico:

—No estoy de acuerdo, porque Dios nos dio a los animales para usarlos.

En ese preciso momento me llamaron y mientras giraba la cabeza durante apenas un segundo para luego volver a la conversación, la señora tomó el brazo de su hija y siguió apurada su camino, así que escuchó a unos cuantos pasos míos lo que le contesté al último y sorprendente salto cualitativo de su argumentación. Es posible que no me haya oído, pero apuesto a que su hija sí lo hizo.

A partir de esta anécdota recordé las preguntas que me hizo Emilio Cicco para su nota “Leche era la de antes”, publicada en la revista Brando de este mes de enero. Contesto aquí a la siguiente: ¿Cuáles son los tres peores aspectos de tomar leche?

El peor aspecto —en una categoría que no integra la misma lista de cualquier otro que pueda agregar— tiene que ver con las implicancias éticas. Como toda explotación, la destinada a obtener leche y sus derivados conlleva un cuestionamiento ético derivado del uso de animales no humanos. Todo ser sintiente merece respeto y, por lo tanto, deberíamos otorgarle el derecho básico de no ser usado como medio para los fines de otros.

En este caso, la esclavitud significa embarazar a la vaca una y otra vez, generalmente de manera forzada por inseminación artificial. El becerro le es arrancado a los pocos días con sufrimiento para ambos. Serán destinados a una futura explotación láctea si son hembras, o a la industria cárnica si son machos. La hembra es forzada a embarazos continuos, al ordeñe mecánico, al confinamiento… Cuando desciende la productividad y dejan de ser rentables, las vacas lecheras son enviadas al matadero. Sus músculos son la elección de preferencia para las cadenas de comidas rápidas y otros productos cárnicos de bajo costo.

A partir de aquí, y dado que podemos vivir perfectamente sin consumir productos animales, deberíamos dejar de consumir productos lácteos.

Paso entonces a comentar algunos aspectos relacionados con el tema de la salud, porque si bien son muy conocidos los efectos negativos de las grasas animales, no lo son tanto los siguientes:

Proteínas

Para empezar, la leche de cualquier mamífero contiene diferentes opiáceos destinados a originar dependencia en el neonato y a mantenerlo cerca de la madre. Los lácteos son por esto muy adictivos.

Se ha encontrado que las proteínas de la leche funcionan como antígenos que fuerzan al organismo a producir anticuerpos contra ellos. Junto a otros muchos tipos de antígenos detectados en los lácteos, son responsables de reacciones alérgicas que originan acumulación de mucosidad en el cuerpo. La continua exposición a sustancias que el organismo reconoce como extrañas va debilitando el sistema inmunológico, provocando enfermedades autoinmunes.

Los niños con diabetes infanto-juvenil tienen ocho veces más anticuerpos contra la caseína que los adultos normales. [1] Un gráfico comparativo entre el consumo de leche entre los 0 y 14 años y la aparición de diabetes tipo-1 da cuenta del aumento notorio de este tipo de diabetes en proporción al consumo de leche [2] [3] [4]. La caseína aparece fuertemente asociada al cáncer en el famoso estudio volcado en The China Study, de T. Colin Campbell. [5]

A su vez, la más abundante de las proteínas lácteas, la caseína, puede adherirse fácilmente a las paredes del intestino impidiendo la absorción de nutrientes. No de casualidad es usada como pegamento (“cola de carpintero”).

Hidratos de carbono

La falta de la enzima necesaria para digerir la lactosa –lo que es común en el adulto y también en muchos bebés–, genera cuadros de inflamación y putrefacción intestinal con producción de subproductos tóxicos e irritantes.

La galactosa, resultante de la degradación de la lactosa presente en los lácteos, está asociada al cáncer de útero y ovario. Tomar leche incrementa la cantidad de IGF-I (factor de crecimiento parecido a la insulina) en la sangre. Altos porcentajes de IGF-I están relacionados con riesgo aumentado de cáncer de próstata [6] [7] y mama [8] [9]. Un estudio realizado por el Dr. Cramer y sus colegas de la Universidad de Harvard demostró que la leche incrementaría el riesgo de cáncer de ovario. Cramer afirma que el riesgo no sólo proviene del contenido graso de los lácteos sino también y principalmente de la lactosa –o azúcar de leche– que a su vez está formada por glucosa y galactosa, esta última peligrosa para los ovarios. [10] Otros estudios confirmaron que se duplica y hasta triplica el riesgo de padecer cáncer de ovario con el aumento del consumo de lácteos [11] [12] [13].

También se halló relación entre ciertos desórdenes mentales como la esquizofrenia y el autismo, y el consumo de lácteos. [14]

Factor de Crecimiento Epitelial o EGF-1 (Epitelial Growth Factor)

La leche es una secreción de los mamíferos destinada a nutrir a los bebés de su propia especie. El humano es el único mamífero que toma esta secreción de otra especie y más allá del destete. El EGF-1 está presente en la leche de la vaca para provocar el crecimiento de los tejidos epiteliales de sus hijos y es un estímulo muy fuerte, destinado a que el ternero aumente de 60 a 100 kg en un año. En los humanos, el EGF-1 está asociado al crecimiento de tumores y su contenido se incrementa con la administración de la hormona de crecimiento bovino (BGH), legalizada en EE.UU., en 1993, para aumentar la producción de leche. Recordemos que la mayor parte de los tumores benignos y malignos son epiteliales. [15]

Muchas de las sustancias tóxicas que contaminan el medioambiente, –señaladas como causantes de enfermedades graves o letales–, se pueden hallar en diversos alimentos incluyendo los productos lácteos. La contaminación de la leche y derivados puede ocurrir en cualquiera de las fases de obtención, elaboración y distribución.

Si comenzamos por la pasteurización, proceso de calentamiento sin el cual la leche no se podría comercializar, ésta hace que se destruyan sus enzimas y que se coagulen las proteínas, produciendo sulfuro de hidrógeno al ingerirla, ese gas maloliente y tóxico originado por la putrefacción intestinal. La homogeneización, según los expertos en el tema, sería doblemente perjudicial para la arteriosclerosis, porque la enzima bovina xantino-oxidasa entraría directamente en el torrente sanguíneo, destruyendo el masmógeno de las membranas celulares del tejido cardíaco. [16]

La contaminación por pesticidas, herbicidas e insecticidas llega, entre otras vías, a través de la ingesta de forrajes que los contienen [17]. La contaminación con aflatoxinas –altamente cancerígenas–puede llegar por la alimentación del animal no humano pero también por el ordeñe. La contaminación por metales pesados puede ocurrir en cualquier estadio de la obtención e industrialización y suelen llegar a través del agua que toma el animal.

El agregado de vitaminas está asociado a los trastornos de hipervitaminosis. La presencia de antibióticos –de uso frecuente y continuo en la industria– favorece la resistencia a los antibióticos que está ocurriendo en el humano. La hormona de crecimiento bovino, elaborada por métodos recombinantes del material genético e inyectada para obtener más leche, está prohibida en Canadá y en Europa. Daña más aún a las vacas, originándoles las dolorosas mastitis que son tratadas con antibióticos. Ya vimos sus consecuencias en el humano.

Los productos descartados/vencidos se tratan con antibióticos, conservantes y soda cáustica, reutilizándose. Es de uso corriente el agregado de azúcares, espesantes, saborizantes, edulcorantes, emulsionantes, colorantes, antimicóticos en los quesos y otros aditivos químicos presentes en la leche y derivados. Incluso se ha encontrado estroncio radioactivo [18], PCBs y dioxinas [19].

Pero los temas de salud son problemas de salud.

Aunque podríamos preguntarnos si el problema de la esclavitud a la que sometemos a los otros animales no es también un problema de salud.

Notas

[1] Vaarala, O, et al. “Cow’s milk formula feeding induces primary immunization to insulin in infants at genetic risk for Type-1 diabetes.” Diabetes, 1999, 48:1389-1394.
[2] LaPorte, R.E., Tajima, N. Akerblom, H.K., et al. “Geographic difference in the risk of insulin-dependent diabetes mellitus: The importance of registries.” Diabetes Care, 1985, 8 (Suppl. 1), cit. en Cousens, Gabriel, Hay una cura para la diabetes, Epidauro, 2010.
[3] Saukkonen T, Virtanen SM, Karppinen M, et al. “Significance of cow’s milk protein antibodies as risk factor for childhood IDDM: interaction with dietary cow’s milk intake and HLA-DQB1 genotype.” Childhood Dibetes in Finland Study Group. Dibetologia. 1998; 41:72-78.
[4] Kimpimaki T, Erkkola M, Korhonen S, et al. “Short-term exclusive breastfeeding predisposes young children with increased genetic risk of Type I diabetes to progressive beta-cell autoimmunity.” Diabetologia. 2001; 44:63–69.
[5] Campbell, T.C. The China Study, Dallas: Benbella Books, 2004, p.7
[6] Mettlin, C., Selenskas, S. Natarajan. N., et al, “Beta-carotene and animal fats and their relationship to prostate cancer risk. A case-control study.” Cancer, 1989, 64:605-612.
[7] Chan, J.M. y Giovannucci, E.L., “Dairy products, calcium, and vitamin D and risk of prostate cancer.” Epidemiol Revs, 2001, 23:87-92.
[8] Plant, J.A. The No-Dairy Breast Cancer Prevention Program, New York: St. Martin’s Press, 2001, p.74 y ss.
[9] Voskuil DW, Vrieling A, van’t Veer LJ, Kampman E, Rookus MA. The insulin-like growth factor system in cancer prevention: potential of dietary intervention strategies. Cancer Epidemiol Biomarkers Prev. 2005; 14:195-203.
[10] Cramer, D. W., Harlow, B.L., Willet, W. C., Wellch, W.R., Bell, D.A., Scully, R. e., Ng, W.G., y Knapp, R.C., “Galactose consumption and metabolism in relation to the risk of ovarian cancer. The Lancet, 1989, 2, p. 66-71.
[11] Fairfield, K. M., Hunter, D.J., Colditz, G.A. Fuchs, C.S. Cramer, D. W. Speizer, F. E., Willett, ]W. C., y Hankinson, S.E., “A prospective study of dietary lactose and ovarian cancer.” Intl J. Cancer, 2004, 110 (2): 271-277.
[12] Larsson, S. C., Bergkvist, L., y Wolk, A., “Milk and lactose intakes and ovarían cáncer risk in the Swedish Mammography Cohort”, American J. Nutr., 2004, 80 (%): 1353-1357.
[13] Kushi LH, Mink PJ, Folsom AR, et al. “Prospective study of diet and ovarian cancer”, Am. J Epidemiol. 1999; 149:21-31.
[14] “Cow’s Milk Protein May Play Role in Mental Disorders,” Reuters Health, 1 Abril, 1999.
[15] Arteaga, C. L. y C. K. Osborne (1989), “Growth inhibition of human breast cáncer cells in vitro with an antibody against the type I somatomedin receptor”, Cancer Research 49, 6.237-6.241; Pollak, M., Costantino, C. Polychronakos y otros (1990), “Effect of tamoxifen on serum insulin-like growth factor I levels in stage I Breast cancer patients”, Journal of the National Cancer Institute 82, 1693-1697.
[16] Llorente, José Ramón, “La leche, ese producto pernicioso para los seres humanos”, DiscoverySalud. Hay un resumen disponible en: http://www.felipeisidro.com/recursos/leche.pdf
[17] Estudio de la contaminación por plagicidas en rutas de abastecimiento de una industria láctea. Revista de Toxicología, 2005, Asociación Española de Toxicología. Disponible en: http://redalyc.uaemex.mx/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=91909912
[18] Shannon, Sara, Technology’s Curse: Diet for the Atomic Age, Earthpulse Pr; Edición revisada, 1993.
[19] Baars AJ, Bakker MI, Baumann RA, et al. “Dioxins, dioxin-like PCBs and non-dioxin-like PCBs in foodstuffs: occurrence and dietary intake in the Netherlands.” Toxicol Lett, 2004; 151:51-61.

Fuente: anyaboglio.com | Autor: Ana Maria Aboglio

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De la granja al refrigerador

El 1 de noviembre es el día internacional del veganismo. Sólo podemos celebrar cuando los humanos toman consciencia y cambian sus hábitos para volver a su esencia original de ser compasivo, respetuoso y amoroso hacia la vida de otros. Videos como éste suelen ser una herramienta para eso, ya que muchos luego de ver el documental se hicieron veganos instantáneamente.

Hay un grupo en Estados Unidos que se llama Mercy for Animals –Compasión por los animales–, que ha hecho investigación y grabaciones en instalaciones de granjas: cerdos, gallinas, producción de huevos, leche, carnes, instalaciones industriales de pescado. Farm to Fridge, –De la granja a la nevera–, este pequeño documental de casi 12 minutos hace un repaso, sobre como son tratados estos animales, las condiciones de vida que tienen, la luz, el espacio, etc., y el trato cruel de personas que están trabajando allí.

www.farmtofridgetour.com

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Philip Wollen: de vicepresidente de Citybank a productor de Earthlings

“Cuando viajo por todo el mundo, veo que los países pobres venden sus cereales a Occidente mientras que sus propios hijos mueren de hambre. Y Occidente alimenta con ese grano al ganado. ¿Para que podamos comer carne? ¿Soy el único que ve esto como un delito? Créanme, cada bocado de carne que comemos es como una bofetada en la cara de un niño hambriento».

La forma en la que nos expresamos puede conseguir que quien nos escucha o lee entienda, comparta y en muchas ocasiones se involucre. Con cierta frecuencia, en internet y en la vida real, las personas que luchamos por los derechos de los animales tenemos una cantidad de información tan brutal, tan devastadora sobre su sufrimiento, que volcamos todo nuestro dolor, nuestra rabia, de forma desordenada, incluso violenta en las palabras, provocando en ocasiones que nuestra denuncia no llegue a difundirse como debiera. Dicho de otra manera, a veces se consigue el objetivo contrario: asustar en lugar de empatizar, que es algo que no debería suceder jamás.

Wollen es uno de los mejores activistas y oradores que el medio ambiente y los animales puedan tener. Brillante, certero, literario, honesto, profundo, Wollen tiene la capacidad de derramar empatía cuando habla. Todo en su argumentación encaja como si fuera un puzzle. Y aunque el dolor sustente cada palabra de su discurso, la medida, el equilibrio, la eficacia de cada una de las imágenes que crea lo hacen eficaz como pocos discursos consiguen hacerlo. Wollen nos muestra el mundo con dureza, pero también con ternura, con sentido del humor y, por supuesto, con esperanza. La esperanza del cambio necesario.

Philip Wollen, nacido en Australia en 1950, fue vicepresidente de Citibank y gerente general de Citicorp. A los 34 años, su nombre figuraba en la lista de los cuarenta principales ejecutivos de su país. En 2005 recibió la Orden de Australia y en 2007 obtuvo el reconocimiento de Australiano del Año. A los cuarenta años dio un giro a su vida convirtiéndose en un filántropo. Desde hace décadas, Wollen colabora en más de medio millar de proyectos en cuarenta países, fundamentalmente dedicados a la infancia, el medio ambiente y los derechos de los animales. Se puede seguir su trabajo a través de Winsome Constance Kindness Australia. Wollen es además el productor de la trilogía Earthlings.

«Noche en los acantilados. El rey Lear le pregunta al ciego conde de Gloucester: ‘¿Cómo ve usted el mundo?’. Y el ciego Gloucester le responde: ‘Yo lo veo sintiéndolo’.

¿No deberíamos todos verlo así? Los animales deben estar fuera del menú. Esta noche miles de animales están gritando desesperados y aterrorizados en mataderos, en cajas y en jaulas. Auténticos gulags.

Oí los gritos de mi padre cuando agonizaba mientras su cuerpo era devastado por el cáncer que terminó matándolo. Y me di cuenta de que había oído esos gritos antes. En los mataderos, con sus ojos apuñalados y sus tendones cortados, en los barcos de ganado que iban hacia Oriente Medio. Y en la moribunda ballena que llamaba a su cría cuando el arpón de un barco japonés estallaba en su cerebro. Sus gritos eran los gritos de mi padre.

Descubrí que, cuando sufrimos, sufrimos de igual manera. Y que, en su capacidad de sufrir, un perro es igual a un cerdo, es igual a un oso y es igual a un niño.

La carne es el nuevo veneno, más mortífero que el tabaco. El CO2, el metano y el óxido nitroso de la industria ganadera están matando nuestros océanos, dejando amplias zonas ácidas y muertas. El 90% de los peces pequeños son molidos para alimentar al ganado.

Las vacas, siendo vegetarianas, son ahora las más grandes depredadoras del océano. Los océanos están muriendo. En el 2048 todos los peces estarán muertos. Miles de millones de pollitos son triturados vivos simplemente porque son machos.

Torturamos y matamos a dos mil millones de animales cada semana. 10.000 especies son eliminadas cada año a causa de las acciones de una sola especie. Estamos ante una extinción masiva. Si cualquier otro organismo hubiera hecho esto, un biólogo lo definiría como un virus. Se trata de un Crimen contra la Humanidad de proporciones inimaginables.

Afortunadamente, el mundo ha cambiado. Hace diez años, Twitter era el sonido de un pájaro. WWW era el teclado bloqueado. La nube estaba en el cielo. Google era el eructo de un bebe, Skype era un error tipográfico y Al-Qaeda era mi fontanero. El escritor francés Víctor Hugo dijo: «No hay nada más poderoso que una idea cuyo tiempo ha llegado». Los Derechos de los Animales son ahora el mayor problema de justicia social desde la abolición de la esclavitud.

Hay más de 600 millones de vegetarianos en el mundo. ¡Si fuéramos una nación sería más grande que los 27 países de la Unión Europea! A pesar de esta enorme huella demográfica, todavía estamos ahogados por los enormes intereses económicos de los que cazan, disparan y matan, quienes creen que la violencia es la respuesta, cuando ni siquiera debería ser la pregunta.

La carne es una industria de matanza: mata a los animales, nos mata a nosotros y a nuestras economías. Medicare ya ha quebrado en los EE.UU. Necesitarán ocho billones de dólares invertidos en bonos del Tesoro solo para pagar los intereses. ¡Y tienen exactamente cero! Podrían cerrar todas las escuelas, ejércitos, marina, fuerza aérea y los marines, el FBI y la CIA… y todavía no sería capaz de pagarlo. Después de años de estudios, las Universidades de Cornell y de Harvard llegaron a la conclusión de que la cantidad óptima de carne para una dieta saludable es precisamente de cero.

El agua es el nuevo petróleo. Pronto las naciones irán a la guerra por ella. Los pozos subterráneos, que han tardado millones de años en llenarse, se están secando. Se requieren 50.000 litros de agua para producir un kilo de carne de vaca.

Mil millones de personas hoy tienen hambre. 20 millones de personas morirán a causa de la desnutrición. Disminuir un 10% la ingesta de carne podría alimentar a 100 millones de personas. La eliminación de la carne de nuestra dieta puede terminar con el hambre.

Si todo el mundo se alimentara como nos alimentamos en Occidente, necesitaríamos dos planetas Tierra. Pero sólo tenemos uno. Y se está muriendo.

Los gases de efecto invernadero producidos por la ganadería son un 50% mayores que los producidos por todo el transporte: aviones, trenes, camiones, automóviles y barcos incluidos.

Cuando viajo por todo el mundo, veo que los países pobres venden sus cereales a Occidente mientras que sus propios hijos mueren de hambre. Y Occidente alimenta con ese grano al ganado. ¿Para que podamos comer carne? ¿Soy el único que ve esto como un delito? Créanme, cada bocado de carne que comemos es como una bofetada en la cara de un niño hambriento. ¿Cuando miro sus ojos debo permanecer en silencio? La Tierra puede producir suficiente alimento para satisfacer las necesidades de todos, pero no para satisfacer la avaricia de algunos.

Estamos enfrentándonos a la tormenta perfecta. Si cualquier nación desarrollara armas que causaran tales daños al planeta, lanzaríamos un ataque militar y la devolveríamos a la Edad de Bronce. Pero en este caso no se trata de un Estado criminal. Se trata de una industria. La buena noticia es que no hay que bombardear. Podemos simplemente dejar de comprar. Nuestros cuchillos y tenedores son armas de destrucción masiva.

Nuestra propuesta es una solución práctica para el futuro, una solución que resuelve nuestros problemas ambientales, de agua, nuestros problemas de salud y termina con la crueldad. Esta cruel y desagradable industria terminará porque nos hemos quedado sin excusas.

La Edad de Piedra no terminó porque nos quedáramos sin piedras. Esta cruel y asquerosa industria terminará porque nos quedamos sin excusas. La carne es como esas monedas de 1 y 2 céntimos. Cuesta más hacerlas de lo que valen. Y los agricultores son los que más ganarán con el cambio. La agricultura no tendrá fin, estará en auge. Sólo la línea de productos cambiará. Los agricultores ganarían tanto dinero que ni siquiera se molestarían en contarlo. Los gobiernos nos amarían. Nuevas industrias surgirían y florecerían. Las primas de seguros de salud se desplomarían. Las listas de espera desaparecerían. ¡Rayos!, seríamos tan saludables que habría que matar a alguien sólo para crear un cementerio.

Así que esta noche lanzo dos desafíos:

1) Está comprobado que la carne produce una amplia gama de cánceres y enfermedades del corazón. Nombren, por favor, una enfermedad causada por una dieta vegetariana.

2) Estoy financiando la trilogía del documental Earthlings ( Terrícolas). Si la oposición está tan segura de sus argumentos, los desafío a que envíen el documental Earthlings a todos sus colegas y clientes. Vamos, los desafío. ¿A que no se atreven?

Los animales no son sólo otras especies. Son otras naciones. Y los asesinamos bajo nuestra responsabilidad. El mapa de la paz se dibuja en un menú.

La paz no es sólo la ausencia de guerra. Es la presencia de Justicia. La Justicia debe ser ciega a la raza, el color, la religión o las especies. Si no es así, será un arma de terror. Y esta noche existe un terror inimaginable en esos horribles guantánamos que llamamos granjas industriales o mataderos. Créanme, si los mataderos tuvieran paredes de cristal, no tendríamos este debate esta noche. Creo que otro mundo es posible. En una noche tranquila, puedo escuchar su respiración. Saquemos a los animales fuera del menú y fuera de esas cámaras de tortura. Por favor, seamos la voz de aquellos que no tienen voz. Muchas gracias».

 

Fuente: eldiario.es | Autor: Marta Navarro García

 

Ver el discurso de Philip Wollen pronunciado en el St. James Ethics Centre en Australia en 2012 “Los animales deben estar fuera del menú”.

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Por qué queremos a los perros pero nos comemos a los cerdos

Un libro cuestiona el sistema de creencias que nos impulsa a comer ciertos animales. La psicóloga Melanie Joy ha acuñado el término ‘carnismo’ para denominarlo. Cada año 10.000 millones de animales mueren en EEUU para el consumo humano.

Un perro, en un matadero en China.

Un perro, en un matadero en China.

Imagine que unos amigos le invitan a su casa a cenar. El plato principal es un estofado de carne que huele fenomenal y está delicioso. Mientras lo disfruta le pregunta a sus anfitriones por la receta. «Coges un kilo de carne de Golden retriever, marinada desde la noche…», le contesta su amigo. «¿¿Golden retriever?? «Si usted es como la mayoría de las personas que viven en Occidente, probablemente se sentirá mal ante la idea de estar comiéndose un perro cocinado». Incluso sentirá asco, «porque los perros no se comen».

Si sus anfitriones le dicen que es una broma, y que en realidad han servido un estofado de ternera ¿seguiría comiendo? ¿se sentiría mejor? Probablemente sí, porque «si usted es como la mayoría de las personas, cuando se sienta ante un estofado de ternera no ve la imagen del animal del que procede la carne. Sólo ve «comida», por lo que se centra en el sabor, en el aroma y en la textura». Así comienza la psicóloga estadounidense Melanie Joy su reflexión sobre por qué nuestra cultura nos permite comer algunos animales sin contemplaciones, mientras nos insta a que consideremos otras especies como mascotas y, como consecuencia de ello, la idea de causarles sufrimiento nos causa malestar.

Una reflexión que resume bien el título de su libro, Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas (Editorial Plaza y Valdés, colección Liber Ánima), que acaba de ser publicado en castellano y recoge las investigaciones que la autora realizó durante su tesis doctoral. «Comer animales o no hacerlo es una tema de justicia social», afirma Melanie Joy durante su visita a Madrid, donde ha presentado la versión en español de esta obra que fue publicada en EEUU en 2010.

La decisión de comer carne

Melanie Joy ha acuñado un término, el carnismo, para denominar «el sistema de creencias que nos condiciona a comer unos animales determinados». Y es que, según sostiene, «en la mayor parte del mundo actual las personas no comen carne porque lo necesitan, sino porque deciden hacerlo. Y las decisiones siempre se derivan de las creencias».

«El carnismo es un sistema de creencias invisible y el trabajo de Melanie Joy está permitiendo darle visibilidad. Una vez que conocemos este sistema tenemos la libertad de decidir», explica Javier Moreno, de Igualdad Animal, la organización de defensa de los derechos animales a la que irán destinados los beneficios de la venta de esta obra.

Joy, profesora de psicología y sociología en la Universidad de Massachusetts (Boston, EEUU), es vegana, es decir no consume ningún producto de origen animal (ni alimentos, ni prendas de vestir ni asiste a espectáculos en los que se usen animales). Pero no siempre fue así. Según confiesa, cuando era adolescente disfrutaba comiendo todo tipo de alimentos y era una fanática de la pizza con cuatro tipos de carne y extra de queso. «Como la mayor parte de la gente, me gustaban los animales y no quería que sufrieran aunque yo misma participaba en un sistema que cometía atrocidades y que iba en contra de mis valores. Cuando comía animales dejaba atrás la empatía», reflexiona.

Allá por 1999, cuando tenía 23 años, se puso enferma tras consumir una hamburguesa en mal estado. Tal fue la indigestión que acabó en el hospital: «A partir de entonces dejé de comer carne, me empezó a dar asco. Poco a poco comencé a interesarme por la información que siempre había estado ahí y supe que hay millones de animales que están sufriendo de manera completamente innecesaria. Me di cuenta de que yo había contribuido al problema y quise ser parte de la solución», recuerda.

Melanie Joy y Javier Moreno, de Igualdad Animal, durante la presentación del libro en Madrid.

RUTH MONTIEL

Su transición hacia el veganismo, relata, fue paulatina: «Primero dejé de comer carne, luego huevos y leche…» Hasta que con los años se convirtió en vegana. «No necesitamos carne para sobrevivir, ni siquiera para mantenernos sanos», asegura Joy, que en su libro pone como ejemplo «a los millones de vegetarianos sanos y longevos que así lo han demostrado» y defiende una dieta varieda y la ingesta de proteínas de origen vegetal para satisfacer las necesidades nutricionales del cuerpo. A sus ojos, beber leche o comer huevos es tan desagradable como para cualquier occidental puede resultar comer carne de perro.

Nada menos que 10.000 millones de animales mueren cada año sólo en EEUU para el consumo humano, una cifra que se doblaría si incluimos las especies animales marinas destinadas a la alimentación. En su obra, Joy también denuncia las duras condiciones de trabajo a la que están sometidos muchos de los trabajadores de explotaciones ganaderas y de la industria cárnica en EEUU, a los que denomina «las otras víctimas del carnismo».

Durante la investigación que realizó para su tesis doctoral, la psicóloga entrevistó a todo tipo de personas: veganos, vegetarianos, carniceros, personas que trabajaban en la industria de la carne… Todos ellos, afirma, compartían una experiencia parecida sobre la consideración de especies como animales de compañías o aptos para el consumo.

Las tres N: Normal, natural y necesario

«El carnismo nos enseña a no pensar, a no sentir nada hacia estos animales. Comer carne se considera un hecho, no una elección», asegura. Y este convencimiento, continúa, se ha logrado gracias a un sistema que justifica el consumo de carne a través de la repetición de lo que ella denomina las tres N: comer carne es normal, natural y necesario. Las mismas n que, según denuncia, se han usado a lo largo de la historia para permitir y justificar la esclavitud, el racismo o la dominación masculina. Y es que para Joy «el carnismo es una ideología violenta, un sistema de presión, un mecanismo que distorsiona nuestra relación con los animales».

«La mayoría de nosotros creemos que comer carne es natural porque el ser humano caza y consume animales desde hace miles de años. Y ciertamente, la carne ha formado parte de nuestra dieta omnívora durante al menos dos millones de años. Pero el infanticidio, el asesinato, la violación y el canibalismo son, como mínimo, tan antiguos como el consumo de carne y, por tanto, podríamos argumentar que también son naturales. Pero no apelamos a la historia de estas conductas para justificarlas», defiende en su libro.

Naturalmente, en otros países la percepción que tienen sus ciudadanos sobre qué animales son comestibles es distinta a la nuestra y para ellos también sería impensable ingerir algunas de las especies habituales en nuestra dieta. Por ejemplo, la vaca es sagrada en India, mientras que en otros países los insectos se consideran una importante fuente de proteínas y su consumo es habitual. En algunas zona de Asia, como China y Vietnam, muchos ciudadanos comen perros sin miramientos, a pesar de que también allí es frecuente tenerlos como animal de compañía. Como destaca Javier Moreno, «distinguen entre los perros que van a destinarse al consumo humano y los que se consideran mascotas».

Joy, que lleva tres años viajando por el mundo y explicando en foros internacionales qué es el carnismo, está convencida de que la mayor parte de la gente no es consciente de las terribles condiciones en las que viven los animales destinados a convertirse en alimentos. Por ello, la autora se muestra satisfecha por el descenso del consumo de carne que se ha registrado por primera vez en EEUU, donde cada ciudadano come aproximadamente 100 kilogramos de carne al año. No obstante, en su opinión este descenso no es sólo atribuible a una mayor concienciación sobre el sufrimiento de los animales, sino también a que la gente cada vez es más consciente de los contaminantes que ingiere cuando toman carne: «Suele estar aderezada con hormonas sintéticas, dosis masivas de antibióticos, pesticidas, herbicidas y fungicidas tóxicos», denuncia en su libro.

La autora confía en que su obra, que ha sido traducida a nueve idiomas, contribuya a que la gente se detenga unos instantes y reflexione sobre por qué comemos algunas especies animales y otras no. Tener información sobre las condiciones en las que viven millones de animales destinados al consumo humano, sostiene, les ayudará a decidir de forma consciente y con libertad: «Sin conciencia no hay elección libre», afirma. Porque, como dice la cita de Mahatma Gandhi que ha escogido como apertura de su libro, «podemos medir la grandeza y el progreso moral de una nación por el modo en que trata a sus animales».

Fuente: www.elmundo.es

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Got the facts on Milk? (¿Qué sabes sobre la leche?)

Es un divertido y premiado documental que se atreve a cuestionar la creencia convencional de los beneficios del consumo de leche y productos lácteos tan publicitados.
La película expone la verdad de forma impactante y con humor a la vez, haciéndole frente al mito. Provoca una reflexión seria acerca de este alimento básico de todos los días.


www.milkdocumentary.com

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Mariano Caino, maestro de alimentación viva y vegana

En este video nos cuenta un poco de que se trata este tipo de alimentación, cuáles son sus beneficios y cómo gracias a ella no sólo nos estamos ayudando a nosotros mismos sino también a otros seres vivos y al planeta.

Para más información de Mariano te dejo su página (con la receta que prepara en el video: Arrollados Nori)

Video producido por Graciana Koler y Axel Hochegger para Recalculando.org