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Los secretos curativos del sol. Parte 4

Los secretos curativos del sol

Qué es lo que hace que el Sol sea tan «peligroso»:
la relación con la grasa

La luz solar produce más beneficios en las personas que siguen una dieta equilibrada, acorde con sus necesidades y su tipo corporal. Los baños de sol pueden ser peligrosos, en cambio, para quienes lleven una dieta rica en alimentos acidificantes y altamente procesados, y abundante en grasas refinadas o productos fabricados con ellas. El alcohol, el tabaco y otras sustancias que diezman las vitaminas y los minerales, así como los medicamentos alopáticos y las drogas alucinógenas, pueden hacer que la piel sea muy vulnerable a la radiación ultravioleta. Concretamente, las grasas poliinsaturadas, como las que contienen los productos refinados de los que se ha eliminado la vitamina E, como los aceites vegetales refinados, la mayonesa, las salsas preparadas y la mayoría de las margarinas, agravan el riesgo de sufrir cáncer de piel y de la mayoría de los demás tipos de cáncer. Según la publicación Archives of Internal Medicine, de 1998, las grasas poliinsaturadas incrementan un 69 % el riesgo de las mujeres de sufrir cáncer de mama. Por el contrario las grasas monoinsaruradas, como las que contiene el aceite de oliva, reducen ese riesgo un 45 %.

Los aceites sin procesar, prensados, contienen ambos tipos de grasas en diferentes grados. Los dos tipos de grasa son útiles para el organismo. El aceite de sésamo, por ejemplo, tiene un 50 % de grasas poliinsaturadas y un 50 % de grasas monoinsaturadas. Cuando las grasas monoinsaruradas se eliminan del aceite durante el proceso de refinado, las grasas poliinsaturadas se tornan altamente reactivas y dañan las células.

Este fenómeno es muy fácil de entender. Las grasas poliinsaturadas son más sensibles a la peroxidación lipídica (se vuelven rancias con mayor facilidad) que las monoinsarutadas. En otras palabras, atraen rápidamente a un gran número de radicales libres de oxígeno y se oxidan. Los radicales del oxígeno se generan cuando las moléculas de oxígeno pierden un electrón, lo que hace que resulten altamente reactivas. Esos radicales libres pueden pasar rápidamente a atacar y dañar las células, los tejidos y los órganos. Pueden formarse en las grasas poliinsaturadas refinadas cuando éstas se exponen a la luz solar antes de su consumo. Los radicales libres se pueden formar también en los tejidos después de haberse ingerido el aceite. Las grasas poliinsaturadas de los aceites refinados son difíciles de digerir, pues carecen de su fibra natural y ya no cuentan con su protector natural contra los radicales libres, La vitamina E, un potentísimo antioxidante (la vitamina E interfiere en el proceso de oxidación). Esta vitamina, junto a muchos otros nutrientes valiosos, se extrae y se destruye durante el proceso de refinado. Una hamburguesa y unas patatas fritas inundan el organismo de radicales libres, pues ambas cosas se cocinan con aceites refinados. Calentar esos aceites hace que se incremente la oxidación y, por consiguiente, provoca daños en los tejidos.

La mayoría de la gente ignora qué sucede con el aceite una vez se extrae de La semilla o del fruto. A fin de alargar la vida del aceite, clarificarlo y eliminar su olor original, se baña en un disolvente de petróleo, se «desgoma» o coloca en agua caliente y se centrifuga para separar diversas sustancias. Para refinarlo, el aceite se mezcla con una sustancia alcalina, como lejía o soda cáustica; después se agita, se calienta de nuevo, se blanquea, se hidrogena para estabilizarlo y, finalmente, se desodoriza. Para que dure más tiempo los fabricantes añaden conservantes y otros aditivos. Si bien todo el proceso prolonga la duración del aceite, no impide que se vuelva rancio antes de su fecha de caducidad. Los tratamientos químicos a los que se somete el aceite enmascaran los efectos de la ranciedad, lo que hace que esos aceites resulten muy peligrosos para el confiado consumidor.

Las grasas saturadas son sólidas y se encuentran en productos como la manteca y la mantequilla. Contienen grandes cantidades de antioxidantes naturales, por lo que son más seguras contra la oxidación provocada por los radicales libres. También se digieren con gran facilidad. Las grasas poliinsaturadas de los aceites refinados (desprovistas de sus grasas monoinsaturadas), por otro lado, son prácticamente indigeribles y, por consiguiente, peligrosas para el cuerpo. La margarina, por ejemplo, se diferencia del plástico tan sólo por una molécula, por lo que resulta extremadamente difícil de digerir. Los radicales libres, limpiadores naturales del cuerpo, intentan acabar con el intruso grasiento que se adhiere a las paredes de las células, pero cuando los radicales destruyen esas grasas dañinas, dañan también las paredes celulares. Esto se considera una de las principales causas del envejecimiento y de las enfermedades degenerativas. Además, nos muestra cómo algo tan necesario como los radicales del oxígeno pueden llegar a ser dañinos si exponemos el cuerpo a sustancias químicas y a alimentos artificiales.

Diversas investigaciones han demostrado que de cada 100 personas que consumen grandes cantidades de grasas poliinsaturadas, 78 muestran notables signos clínicos de envejecimiento prematuro, y también tienen un aspecto mucho más envejecido que otras personas de la misma edad. Por el contrario, en un reciente estudio sobre la relación entre las grasas de la dieta y el riesgo de contraer la enfermedad de Alzheimer, los investigadores se sorprendieron al descubrir que las grasas naturales pueden llegar a reducir realmente el riesgo de sufrir esa enfermedad hasta en un 80 %; el estudio demostró que el grupo con el índice más bajo de Alzheimer consumía aproximadamente 38 g diarios de esas grasas saludables, mientras que los miembros del grupo más propenso a la enfermedad consumían tan sólo la mitad de esa cantidad.

Las células de los tejidos dañadas por una actividad anormal de los radicales libres son incapaces de reproducirse como es debido, de manera que las funciones principales del organismo se reducen, entre ellas las de los sistemas inmunológico, digestivo, nervioso y endócrino. Desde que durante y después de La Segunda Guerra Mundial se introdujo a gran escala el consumo de grasas refinadas poliinsaturadas, las enfermedades degenerativas han aumentado de modo alarmante, y el cáncer de piel es una de ellas. De hecho, las grasas poliinsaturadas han hecho que la luz solar resulte «peligrosa», algo que nunca hubiera ocurrido si los alimentos no se hubieran alterado y manipulado como ocurre en la actualidad. Cuando se eliminan las grasas poliinsaturadas de los alimentos en los que se encuentran, necesitan ser refinadas, desodorizadas, e incluso hidrogenadas, según el alimento para el que se vayan a usar. Durante este proceso, algunas de las grasas poliinsaturadas experimentan transformaciones químicas, convirtiéndose en ácidos grasos trans (grasas trans), a menudo llamados «aceites vegetales hidrogenados». La margarina puede llegar a tener hasta un 54 % de ellas y las grasas vegetales hasta un 58 %.

Las etiquetas de los alimentos informan si los aceites vegetales están hidrogenados. La mayoría de los alimentos procesados los contienen, entre ellos el pan, las tostadas, las patatas fritas, los donuts, las galletitas saladas, los dulces, la repostería industrial, toda la bollería, los pasteles y los dulces glaseados, las comidas preparadas congeladas, las salsas, las verduras congeladas y los cereales para el desayuno. Dicho de otro modo: prácticamente todos los alimentos que se almacenan, procesan, refinan, conservan y no son frescos suelen contener grasas trans. Estas grasas inhiben la capacidad de las células de utilizar el oxígeno, que es necesario para quemar los nutrientes y convertirlos en dióxido de carbono y agua. De este modo, Las células, incapaces de completar su proceso metabólico, pueden tornarse cancerosas. (La tendencia actual a eliminar las grasas trans de los alimentos no hace más que sustituir una grasa dañina por otra grasa igual de dañina, elaborada artificialmente. A todos los efectos prácticos, las nuevas grasas producidas artificialmente no son mejores que las viejas grasas trans.)

Las grasas trans también contribuyen a espesar la sangre al aumentar la adherencia de las plaquetas. Esto multiplica el riesgo de que se formen coágulos de sangre y se creen depósitos de grasa, lo que puede provocar una cardiopatía. Las investigaciones llevadas a cabo en la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, donde se observaron durante ocho años los hábitos alimenticios de 85.000 mujeres, demostraron que aquellas que habían tomado margarina corrían un mayor riesgo de sufrir enfermedades coronarias. Estudios posteriores han mostrado que los ácidos grasos trans impiden que el organismo genere lipoproteína de baja densidad (LDL), el llamado colesterol malo, y de ese modo el colesterol en sangre aumenta a niveles anómalos. Un estudio galés vinculaba la concentración de esas grasas trans artificiales en la grasa corporal con la muerte por fallo cardíaco. El gobierno holandés ha prohibido ya cualquier producto que contenga ácidos grasos trans.

Se ha demostrado, asimismo, que las grasas poliinsaturadas acaban con la Inmunidad. Por esa razón, hoy en día se utilizan en pacientes a los que se les ha trasplantado un riñón o que han recibido injertos de piel de otros individuos. De este modo se ayuda a que el paciente receptor no rechace el tejido extraño, pero, claro está, eso le deja vulnerable ante cualquier infección y enfermedad. El mismo procedimiento se lleva a cabo en el caso de las llamadas enfermedades autoinmunes, en las que el sistema inmunológico intenta acabar con las células del propio organismo, es decir, con aquellas que se han vuelto tóxicas y constituyen un riesgo para la supervivencia del cuerpo. La tragedia de todo esto es que estos tratamientos no modifican los índices de mortalidad globales; sólo cambia la causa de la muerte. La moraleja es que si una persona no quiere dañar o destruir su sistema inmunológico no debe tomar grasas y aceite refinados y alterados industrialmente.

Lo que realmente daña y quema la piel

Una persona que consume en su dieta grasas poliinsaturadas y expone la piel a los rayos ultravioleta hasta enrojecer produce unas sustancias de tipo hormonal llamadas prostaglandinas a partir del ácido linoleico contenido en las grasas. Las prostaglandinas acaban con el sistema inmune, lo que contribuye al desarrollo de tumores. Además, las grasas poliinsaturadas vienen acompañadas de la producción de radicales libres, que pueden causar estragos en las células. Si se añade crema de protección solar a la piel, se consigue la combinación química idónea para producir cáncer de piel, especialmente en las zonas más expuestas al sol.

En la naturaleza, los aceites nunca se producen en grandes cantidades. Para obtener una cucharada de aceite de maíz natural habría que ingerir de 12 a 18 mazorcas de maíz. Desde que la extracción de aceite del maíz y de otros cereales y semillas devino posible hace 80 o 90 años, el consumo de las grasas poliinsaturadas e insaturadas (aceites más densos) para aderezar las ensaladas y cocinarse ha incrementado enormemente en el mundo industrializado. Actualmente, una persona consume diariamente como promedio 16 veces más grasas de este tipo que las que consumía un individuo hace 90 años.6 Y ello sin contar todas las demás grasas que contienen hoy en día los alimentos. La falta de ejercido, de aire fresco y de alimentos ricos en nutrientes hace que el ser humano tenga menos capacidad para digerir semejante cantidad de grasas artificiales. La consecuencia es el deterioro del aparato digestivo y la acumulación de toxinas con las consiguientes crisis tóxicas. La presencia de una cantidad excesiva de radicales libres indica que el cuerpo está repleto de toxinas. Una vez que penetran en los tejidos que forman la piel, basta una breve exposición a la luz ultravioleta del Sol para quemar y dañar las células de la piel.

Si los ojos y la piel de una persona son sensibles a la luz solar, indica que el organismo está intoxicado. El consiguiente esfuerzo por evitar el sol puede acabar en una seria deficiencia lumínica, abriendo la puerta a graves problemas de salud. El hecho de que todos los tipos de cáncer de piel hayan aumentado a partir de la utilización de las cremas de protección solar no tiene nada de extraño. Los rayos ultravioleta que penetran en los ojos estimulan, asimismo, el sistema inmunológico. En la actualidad, más del 50 % de la población norteamericana utiliza gafas, bien para corregir la vista, bien para protegerse del sol, que impiden el paso de la mayor parte de la luz ultravioleta. La última moda es llevar gafas de plástico, que también captan todos los rayos UV. Lo mismo sucede con las lentes de contacto de plástico. La vida sedentaria, Los protectores solares, la ropa, las ventanas que repelen la luz ultravioleta, etc. hacen que recibamos dosis muy reducidas de estos rayos. Ahora bien, sin una exposición regular al sol, la actividad inmunológica decrece cada año. La luz solar hace que aumente el consumo de oxígeno en los tejidos corporales, pero sin ella nuestras células empiezan a pasar hambre de oxígeno, lo que precipita la disfunción celular, al envejecimiento prematuro e incluso a la muerte.

Famélicos de sol, solemos buscar ayuda en otra parte, aun cuando la naturaleza siempre está dispuesta a ayudarnos. Es una verdadera desgracia que los enfermos estén casi siempre encerrados entre cuatro paredes, a menudo con las cortinas corridas y las ventanas cerradas. Uno de los poderes curativos y preventivos más potentes de la naturaleza está al alcance de todo aquel que quiera aprovecharlo.

Consejos para incrementar la exposición al sol

Si alguien desea beneficiarse del Sol, pero no dispone de mucho tiempo para permanecer al aire libre, existen diversas maneras de aumentar la exposición solar:

  • Instalar ventanas con cristales que dejen pasar la luz UV.
  • Disponer del máximo número posible de ventanas
  • Según el tiempo que haga y la estación del año, mantener las ventanas abiertas
  • Instalar tantas lámparas de espectro completo como sea posible (es la mejor alternativa a la luz solar natural)

Las personas que viven en un lugar de clima benigno pueden tomar baños de sol regularmente. En verano, es mejor evitar el sol de las 10 a las 15 horas, mientras que en invierno, primavera y otoño también se puede tomar durante esas horas. En invierno se puede tomar el sol si uno se rumba en un lugar protegido del viento. Puede instalarse una zona para tomar baños de sol que esté junto a un muro bien soleado. Los muros laterales deberán ser de un material que sirva de cortavientos. La pared que dé al sol deberá tener un ángulo inclinado a fin de que los rayos solares más bajos del invierno lleguen a la zona en cuestión. Otra opción, quizás más práctica, es abrir una ventana un día soleado sin viento. Es algo que yo he hecho muchas veces en mi vida, incluso en países con inviernos muy fríos.

Cuando, por algún motivo, alguien tenga que estar expuesto al sol durante un período demasiado prolongado, puede aplicarse en la piel gel de aloe vera, aceite de coco o aceite de oliva.

Para maximizar los beneficios y para eliminar la grasa natural, lo mejor es darse una ducha antes de tomar el sol. El tratamiento solar debe iniciarse preferentemente tomando el sol en todo el cuerpo (si es posible) durante unos minutos y después se irá aumentando unos minutos más cada día hasta llegar a un tiempo de 20 a 30 minutos. Como alternativa, caminar al sol de 40 a 60 minutos varias veces a la semana tiene efectos similares. Esto proporciona al organismo la suficiente luz solar para mantener sanos el cuerpo y la mente, siempre que se sigan las medidas básicas de llevar un estilo de vida y una dieta equilibrados y de realizar las rutinas descritas en capítulos anteriores. El cuerpo puede almacenar una cantidad determinada de vitamina D que puede durar de 4 a 6 semanas en tiempo invernal, pero es bueno «recargar las pilas» de vitamina D siempre que sea posible tomando el sol directamente.

Nota: hay que evitar las lámparas solares, las cabinas y las camas bronceadoras. Según un estudio publicado en el International Journal of Cancer (tomo 120, n.º 5, 1 de marzo de 2007; 1116-1122), el uso de las cabinas bronceadoras antes de los 35 años de edad incrementa un 75 % el riesgo de sufrir un melanoma. En la actualidad, mucha gente joven utiliza esas cabinas, lo cual puede explicar el reciente y alarmante aumento de melanomas a edades relativamente tempranas. Existe también una conexión entre las camas bronceadoras y el carcinoma celular escamoso, un tipo de cáncer de piel menos agresivo. Los sistemas de bronceado convencionales de esas camas utilizan lastres magnéticos que emiten potentes campos
electromagnéticos (CEM), responsables del desarrollo de tumores cancerosos. Su elevada concentración de rayos UVA también puede influir en este proceso. Los lastres electrónicos son más seguros que los magnéticos, pero hay pocos centros de estética que los usen.

La antigua costumbre de contemplar el Sol

La energía solar es la fuente que potencia el cerebro. Penetra en el cuerpo a través de los elementos aire, agua, fuego y tierra. La manera más fácil y directa que tiene la luz solar de entrar y salir del organismo humano es a través del ojo humano, siempre y cuando no se filtre mediante lentes coloreadas. La contemplación del Sol es una antigua costumbre que puede llegar a sanar el cuerpo y la mente.

Los ojos son órganos muy complejos, constituidos por cinco mil millones de partículas. Al igual que una lente fotográfica, el ojo humano puede descomponer el espectro solar en rayos de diferentes colores. En una cámara fotográfica, los diversos rayos de luz reaccionan con las sustancias químicas del papel y codifica las fotografías que se toman. Del mismo modo, al entrar en la glándula pineal, los diferentes rayos se codifican químicamente en el cerebro y de allí pasan a los órganos y sistemas del cuerpo. Los órganos vitales del cuerpo dependen de colores concretos del espectro lumínico. Las células renales, por ejemplo, necesitan luz roja para funcionar adecuadamente. Las células del corazón necesitan luz amarilla, y las células del hígado, luz verde. La deficiencia lumínica en cualquiera de los órganos y sistemas corporales puede desencadenar una enfermedad. Contemplar directamente el Sol de modo regular puede devolver a todas las células del organismo su equilibrio y su eficiencia.

El Sol solamente debe contemplarse por la mañana o por la tarde, entre una o dos horas después del amanecer y poco antes del ocaso. Hay que mirar la salida o la puesta de Sol una vez al día. El primer día debe mirarse al Sol relajadamente durante un máximo de 10 segundos. El segundo día, se mirará durante 20 segundos, y cada día se irán añadiendo diez segundos sucesivamente. Después de observar el Sol diez días seguidos, se podrá mirar durante 100 segundos. Se puede parpadear, no es necesario mirar fijamente.

Para obtener los máximos beneficios de la contemplación del Sol, hay que ir aumentando la duración del modo descrito hasta llegar alcanzar los tres meses de este ejercicio diario. Ello significará que se ha conseguido contemplar el Sol durante 15 minutos seguidos. En ese período, la energía solar de los rayos cruza el ojo humano y carga el tracto del hipotálamo, el conducto que conduce de detrás de la retina al cerebro. Puesto que el cerebro recibirá más energía a través de esa vía, se percibirá una importante reducción de las tensiones mentales y de las preocupaciones. Al acceder a esta fuente adicional de energía, se podrá desarrollar una conciencia más positiva y una mayor confianza en uno mismo. La persona que sufre ansiedad y depresión advertirá que esas dolencias desaparecen. Se sabe que la tristeza y la depresión aumentan cuando se reduce o falta la luz solar. Al tener menos preocupaciones y miedos, el cerebro aprovecha la energía adicional adquirida para curar y mejorar el bienestar físico y mental. Uno de los beneficios más señalados de la contemplación continuada del Sol es la mejora de la vista.

Me gustaría concluir este importante tema de la luz solar con la observación que hizo un lector en el aeropuerto de Sydney:
«Hace algunos años, mientras esperaba un vuelo para salir de Sydney, estuve en el aeropuerto durante varias horas. En ese tiempo llegaron muchos vuelos, y se veía una gran diferencia en la cara de la gente que acababa de llegar. Los que venían de un lugar más frío (con poco Sol) no sonreían, no parcelan felices y se mostraban muy reservados; los que procedían de zonas más cálidas y soleadas de Australia, irradiaban simpatía y calor, y eso se reflejaba en sus rostros. Es algo que nunca olvidaré. Así que, ya ve lo que el Sol proporciona a las personas…»
Roger Sorokoput.

6. Al aparato digestivo le resulta más fácil digerir aceites extraídos de alimentos cuya concentración de aceite es mayor, como aceitunas, cocos, aguacates, etc., que no el que contienen los frutos secos y las semillas, como las almendras y la linaza.

[divider]Leer la primera parte de Los secretos curativos del sol. Parte 1.

[divider]Fuente: Libro “Los secretos eternos de la salud” de Andreas Moritz. Ediciones Obelisco. Capítulo 8 págs. 350 a 375.

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Los secretos curativos del sol. Parte 3

Sin Sol no hay salud

Una dosis equilibrada de luz solar, que varía en función del tipo corporal y del color de La piel, 4 permite beneficiarnos de las diversas bandas de frecuencia de luz ultravioleta que llegan a la Tierra. Junto a una buena nutrición y un estilo de vida equilibrado, la luz del sol nos ofrece la mejor protección posible contra todo tipo de enfermedades. Las investigaciones realizadas en todo el mundo en torno a la luz solar han demostrado que la exposición a los rayos ultravioleta es quizás el tratamiento curativo más completo e impresionante que existe. Con todos estos enormes beneficios que según está demostrado nos ofrece el Sol, es verdaderamente incomprensible que la mayor parte de las personas enfermas de todo el mundo sigan confiando en fármacos costosos y dañinos que no comportan ni de lejos tantos beneficios. He aquí algunos ejemplos de lo que puede aportarnos la luz ultravioleta:

La luz ultravioleta

  • Mejora los resultados de los electrocardiogramas
  • Reduce la presión arterial y el pulso cardíaco en reposo
  • Mejora el rendimiento del corazón cuando es preciso (no es contradictorio con la disminución del pulso en reposo)
  • Reduce el colesterol si conviene
  • Incrementa las reservas de glucógeno en el hígado
  • Equilibra el nivel de azúcar en sangre
  • Aumenta la energía, la resistencia y la fuerza muscular
  • Mejora la resistencia del organismo frente a las infecciones debidas al aumento del índice de linfocitos y fagocitos (el promedio de bacterias ingeridas por leucocito en la sangre del paciente)
  • Aumenta la capacidad de transporte de oxígeno de la sangre
  • Incrementa las hormonas sexuales
  • Mejora la resistencia de la piel a las infecciones
  • Aumenta la tolerancia al estrés y reduce la depresión

La luz solar no sólo purifica el agua de mar hasta una profundidad de casi cuatro metros, sino que además desinfecta la piel de gérmenes nocivos. Cuanto más larga sea la longitud de onda de la luz ultravioleta, más profundamente penetrará en la piel. Con 290 nanómetros (un nanómetro o nm equivale a una milmillonésima de metro), alrededor de un 50 % de la luz ultravioleta penetra un poco mas allá de las capas superficiales de la piel, mientras que con 400 nm, el 50 % alcanza las capas más profundas. Los rayos de luz con mayor capacidad de penetración pueden llegar incluso al cerebro. El cuerpo humano está ideado para absorber la luz ultravioleta por muy buenas razones: de no ser así, habríamos nacido con una pantalla natural en los ojos y la piel contra protegernos de los rayos UV. Una de las razones principales es que el cuerpo necesita la radiación UV para la división celular normal. La falta de rayos UV altera el desarrollo normal de las células, lo cual puede provocar cáncer, como confirmó el estudio científico de la doctora Shaw. La utilización de gafas de sol, incluidas las gafas normales y lentillas que reflejan los rayos UV, puede provocar ciertos trastornos oculares como la degeneración macular. La mayoría de las personas que llevan gafas de sol suelen decir que la vista se les debilita continuamente. La solución es sencilla: dejar de usarlas. Pronto se dará cuenta de que los ojos se acostumbran de nuevo a la luz. Hay otras formas de mejorar la vista y reducir la sensibilidad al sol: ejercicios visuales (véase mi libro lt’s Time to Come Alive), una buena nutrición y evitar forzar la vista y ver la televisión durante demasiadas horas.

Nuestro típico estilo de vida a puerta cerrada, además del excesivo sobreestímulo producido por alimentos y bebidas acidificantes, el aumento del colesterol y la deshidratación por efecto de la televisión y otros diversos factores de estrés ya son de por sí suficientes factores de deterioro de las células, incluidas las que forman los ojos. Al repeler regularmente la luz ultravioleta que tanto necesitamos (hoy en día se ponen gafas de sol incluso a niños y a algunos animales de compañía), los ojos son incapaces de autorrepararse debidamente y sustituir las células oculares gastadas. El aumento de la incidencia de la ceguera y de las enfermedades oculares en el mundo industrializado puede deberse en gran parre a la falsa noticia de que el Sol es peligroso. Debemos tener en cuenta que, hoy en día, en los países soleados, casi todo el mundo lleva gafas de sol. Es muy posible que ésta sea la causa de la proliferación de las cataratas en esos lugares. Puede que intervengan también otros factores, como la malnutrición (la diarrea puede provocar una grave desmineralización), el tabaquismo, la contaminación y las dietas pobres en nutrientes. Para mantener los ojos en buen estado de salud, es necesario asegurarse de que les llegue la luz solar directa o indirecta, preferiblemente durante una hora diaria por lo menos.

La razón por la que mucha gente se siente atraída por el Sol o lo echa de menos cuando está nublado es que el instinto natural del organismo es tomar el sol para captar las propiedades curativas y depurativas de la luz solar. Sin dejarse engañar por las cremas de protección solar y exponerse excesivamente, el cuerpo sabrá a ciencia cierra cuánto tiempo debe tomar el sol para conseguir un crecimiento equilibrado, y aunque llegue a quemarse, el cuerpo está perfectamente preparado para
sobreponerse.

Sin embargo, las interferencias químicas en ese proceso de auroprotección tienen graves consecuencias. Con el uso continuado de los fármacos o productos químicos que citaremos a continuación, tanto la piel como los ojos se vuelven hipersensibles a la luz, y la piel puede llegar a quemarse gravemente incluso a los pocos minutos de tomar el sol. Entre esos productos se encuentran agentes antibacterianos como la sulfonamida, el ya citado PABA y otros ingredientes de las cremas de protección solar, agentes hipoglucémicos utilizados por los diabéticos, diuréticos que controlan la hipertensión arterial, tranquilizantes y antidepresivos, antibióticos de amplio espectro, la quinidina usada para las arritmias cardíacas, compuestos antisépticos halogenados que se utilizan en cosméticos, muchos tipos de jabones, ingredientes sintéticos de la mayoría de productos de belleza 5 y antihistamínicos que se toman para resfriados y alergias.

Por otra parte, los cálculos hepáticos impiden que el hígado se desintoxique suficientemente de fármacos, alcohol y otras sustancias nocivas. Cualquier producto que el hígado no pueda eliminar de la sangre acaba en los riñones y en la piel. Una vez sobrecargada con esas toxinas internas altamente ácidas, la piel se vuelve más sensible a los elementos naturales como la luz solar. El cáncer de piel y las cataratas sólo suceden cuando el hígado y las paredes de los vasos sanguíneos están congestionados.

Es mucho más fácil tratar la causa de un problema físico que suprimir sus síntomas. Si una persona está tomando algunas de las sustancias citadas anteriormente y desea tratar la causa más que el efecto de una dolencia, debe consultar al médico habitual para que éste le indique cómo ir reduciendo su consumo, limpiar los órganos que favorecen la eliminación de las toxinas y al mismo tiempo empezar a tomar baños de sol, comenzando por uno o dos minutos e ir incrementando su duración cada día algunos minutos más (véase más adelante). Conviene tener cuidado de no quemarse. Si se utilizan gafas de sol. hay que ir acostumbrándose a la luz natural en la medida en que ésta no moleste. Poco a poco se irán dejando las gafas y ya no serán necesarias. Para evitar la deshidratación de la piel hay que beber agua antes y después de tomar d sol.

La luz del sol previene el cáncer, la esclerosis múltiple, las cardiopatías, la artritis, la diabetes…

Según un estudio publicado en la revista Cancer (marzo de 2002; 94:1867-75), una exposición insuficiente a la radiación ultravioleta puede constituir un factor de riesgo en Europa occidental y Norteamérica. Estos hallazgos, que incluyen las tasas de mortalidad por cáncer en Norteamérica, se contradicen con las advertencias oficiales sobre la radiación solar. La investigación demostró que la mortalidad a causa de diversos tipos de cáncer de los aparatos digestivo y reproductivo era aproximadamente el doble en Nueva Inglaterra que en el sudoeste de Estados Unidos, a pesar de que la dieta varía muy poco entre ambas regiones.

Un examen obtenido de 506 regiones develó la existencia de una estrecha relación inversa entre la mortalidad por cáncer y los niveles de luz UVB. El mecanismo más efectivo que proponen los científicos para lograr un efecto protector de la luz solar es la vitamina D, que se sintetiza en el cuerpo cuanto está expuesto a los rayos ultravioleta B. Según el autor del estudio, el doctor William Grant, las zonas situadas más al norte de Estados Unidos pueden no tener luz suficiente durante los meses de invierno para evitar que la síntesis que la vitamina D caiga en picada.

Si bien el estudio estaba centrado principalmente en los norteamericanos blancos, también se descubrió que esas mismas condiciones geográficas afectan a blancos y negros por igual, si bien estos últimos tienen un índice de mortalidad por cáncer significativamente más elevado. Como ya se ha descrito anteriormente, las personas de piel más oscura necesitan más luz solar para sintetizar la vitamina D.

El estudio mostró al menos 13 tipos de tumores relacionados con la falta de luz solar, la mayoría del aparato reproductor y digestivo. La correlación inversa más pronunciada es la del cáncer de mama, de colon y de ovarios, seguida de tumores de vejiga, útero, esófago, recto y estómago.

El Sol reduce el riesgo de contraer cáncer en un 50 % o más

En la década de 1940, Frank Apperly demostró que existe una relación entre la latitud y los decesos por cáncer. Apperly daba a entender que el Sol confería a las personas una relativa inmunidad frente al cáncer. En la actualidad se trata de un hecho probado. De acuerdo con dos recientes estudios realizados en la Universidad de San Diego, el nivel de vitamina D en sangre aumenta gracias a la luz solar, lo cual puede hacer disminuir en un 50% el riesgo de desarrollar un cáncer de mama y en más de un 65 % el de desarrollar un cáncer colorrectal.

A fin de aumentar la precisión del estudio, los investigadores recurrieron al metaanálisis para comparar los datos de múltiples estudios previos. Formaron diferentes grupos de individuos según sus niveles en sangre de vitamina D y compararon la incidencia de cáncer entre los grupos. Los datos resultantes mostraron que los individuos del grupo con el nivel de vitamina D más bajo tenían los índices más altos de cáncer de mama, y que los índices de este tipo de cáncer descendían al aumentar el nivel de vitamina. Lo más sorprendente del estudio es que se podía conseguir el nivel de vitamina D en sangre asociado a la disminución del 50 % del riesgo de contraer cáncer con sólo dedicar 25 minutos diarios a tomar el sol en el caso de las personas de piel oscura, mientras que las de piel más clara no tenían que dedicar más de 10 a 15 minutos. Estos resultados muestran que prácticamente el Sol es un sanador instantáneo, muchísimo más efectivo incluso que los fármacos anticancerígenos más agresivos como Herceptin.

El segundo estudio demostró que la misma cantidad de Sol se tradujo en dos tercios menos de riesgo de contraer cáncer colorrecral. Si algún médico o amigo pide al lector una prueba de esa «absurda» afirmación de que el Sol puede prevenir o curar el cáncer, puede remitirle al Journal of Steroid Biochemistry of Molecular Biology (doi: 10.1016/j.jsbmb.2006.12.007; «Vitamin D and prevention of breast cancer: Pooled analysis») y al American Journal of Preventive Medicine (tomo 32. n.º 3, pág. 210-216: «Optimal vitamin D status for colorectal cancer prevention – A quantitative meta-analysis»).

A diferencia de los fármacos, la cirugía o la radioterapia, la luz solar no cuesta nada, no tiene efectos secundarios dañinos y, al mismo tiempo, puede evitar otras muchas enfermedades.

De manera no muy diferente al estudio del cáncer, los investigadores descubrieron una estrecha relación entre la situación geográfica y la esclerosis múltiple (EM). El estudio reveló que la incidencia la EM disminuye cuanto más cerca se vive del ecuador (donde hay la mayor cantidad de rayos UV). Otro estudio (2007) demostró que dejar que los niños tomen el sol de forma saludable puede reducir de modo significativo el riesgo de contraer la EM cuando sean adultos. El equipo de la Universidad de Carolina del Sur considera que los rayos UV protegen al individuo al modificar la respuesta inmunológica de las células o incrementar los niveles de vitamina D. La EM es una de las enfermedades neurológicas más comunes, que afecta a unos dos millones de personas en todo el mundo. El equipo de investigación subrayó que la EM es más común en las latitudes altas, que suelen presentar unos niveles más bajos de radiación ultravioleta, el tipo de radiación que produce el Sol. La luz solar desencadena una reacción química en el cuerpo que conduce al organismo a producir vitamina D.

El Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos (NTH) ha relacionado la deficiencia de la vitamina D producida por el Sol con un aumento de la incidencia de numerosas dolencias, entre ellas la osteoporosis, la artritis reumatoide, las cardiopatías y la diabetes, por citar algunas. Hoy en día, hasta un 60 % de la totalidad de los pacientes hospitalarios y un 80 % de los pacientes de residencias de ancianos presentan déficit de vitamina D. Y, lo que es peor, un 76 % de las embarazadas sufren graves deficiencias de esta vitamina. Para aprovechar los beneficios del Sol en el combate contra las enfermedades, es necesario salir al aire libre al menos tres veces por semana, como mínimo de 15 a 20 minutos cada vez.

Los laboratorios farmacéuticos han reconocido también la importancia de la vitamina D en la curación del cáncer y otras enfermedades, y en la actualidad producen unos fármacos de gran coste que contienen vitamina D sintética. Sin embargo, la vitamina D sintética no tiene apenas ningún efecto en comparación con la vitamina D que produce el Sol. Además, cuando se añade vitamina D a los alimentos, como, por ejemplo, a la leche, pueden producirse graves efectos secundarios que incluyen la muerte en algunos casos (véanse más detalles en «La euforia de las vitaminas: palos de ciego», en el capítulo 14).

La sorprendente combinación del Sol y el ejercicio físico

La luz solar y el ejercicio físico proporcionan unos excelentes resultados para la salud y la forma física, pero cuando se combinan, los efectos se multiplican. Los enfermos de tuberculosis que se someten a una terapia solar (exposición regular al sol) experimentan un importante aumento del tono muscular con muy poca grasa, incluso si no realizan ningún ejercicio. Lo mismo sucede con una persona que sigue un programa regular de mantenimiento. Pero cuando se combinan el Sol y el ejercicio, el tono y la resistencia muscular aumentan mucho más que si se utiliza cada tratamiento por separado.

En la fisiología masculina, el desarrollo muscular está vinculado a la producción de testosterona, la hormona masculina. La antigua costumbre de los griegos de entrenarse desnudos sobre la arena caliente de la playa tenía por objeto desarrollar un cuerpo musculoso sano. Cuando el Sol toca cualquier parte del cuerpo, se incrementa la producción de testosterona, pero cuando entra en contacto con los genitales masculinos, la secreción alcanza niveles máximos. Un estudio del Boston State Hospital demostró que la luz ultravioleta incrementa el nivel de testosterona en un 120 % cuando el pecho o la espalda se expone al sol. Sin embargo, el incremento hormonal se dispara a un 200 % cuando el sol entra en contacto con la piel genital.

Los baños de sol regulares aumentan la fuerza y el tamaño de todos los grupos musculares del cuerpo del hombre. La combinación de Sol y ejercicio es, por consiguiente, Ideal para desarrollar un cuerpo fuerte y sano, cuyas funciones reproductoras alcanzan un grado óptimo. A partir de estas conclusiones, podría muy bien ser que la falta constante de Sol, junto a la congestión física, fueran la causa principal de los crecientes problemas de infertilidad que se producen entre la población urbana de todo el mundo. Si se desea mejorar la vida sexual o la capacidad reproductora, en vez de utilizar uno de los costosos tratamientos disponibles y arriesgar la propia salud a causa de sus graves efectos secundarios, yo recomendaría tomar el sol.

Las mujeres, por supuesto, también se benefician del Sol. Sus niveles hormonales se incrementan cuando se exponen especialmente a un espectro específico de los rayos UV, a saber, la de 290 a 340 nanómetros (UVB), que supuestamente son peligrosos e inservibles. Las mujeres que toman muy poco el sol tienen a menudo problemas menstruales o no tienen la regla. Pueden restablecer el ciclo menstrual regular tomando baños de sol de modo regular y pasando varias horas al día al aire libre. La normalización de los ciclos menstruales suele producirse a las escasas semanas del inicio de la terapia solar.

Además de regular la menstruación, la terapia solar también puede ayudar a las personas que sufren hipertensión arterial. Diversos estudios han demostrado que a los pacientes hipertensos que siguieron un tratamiento basado en un programa de ejercicio intenso de seis meses de duración la presión arterial se les redujo en un 15 %, mientras que aquellos que se sometieron a una única exposición a los rayos ultravioleta vieron cómo la tensión arterial descendía notablemente durante cinco o seis días. Por consiguiente, hacer ejercicio al sol puede ser uno de los mejores tratamientos naturales para la hipertensión, sin ningún coste ni efectos secundarios. Al mismo tiempo, el ejercicio y los baños de sol aumentan la eficiencia cardíaca, medida por la cantidad de sangre que bombea el corazón con cada latido. Una sola exposición a los rayos ultravioleta del Sol aumenta la eficiencia cardiaca en un 39 %, y también dura unos 5 o 6 días. Este tipo de enfoque podría sustituir perfectamente a los fármacos que se utilizan generalmente para estimular el corazón. Conviene señalar que el Sol no sólo actúa como un medicamento que simplemente elimina los síntomas de la enfermedad, sino que también restablece el equilibrio corporal y mental.

Los diabéticos también pueden beneficiarse del ejercicio físico y del Sol, pues los niveles de azúcar en sangre descienden cuando hacen ejercicio o toman el sol. Una única exposición al sol estimula la producción de la enzima fosforilasa, que reduce la cantidad de glucógeno almacenado. Dos horas después de tomar el sol, otra enzima, la glucógeno sintetasa, aumenta la cantidad de glucógeno acumulado en los tejidos, a la vez que reduce el nivel de azúcar en sangre. Así pues, la luz solar actúa como la insulina. El efecto puede durar varios días. Es importante que los diabéticos tengan en cuenta que necesitarán graduar la dosis de insulina y consultar periódicamente con su médico mientras aumentan paulatinamente el tiempo de exposición al sol.

Además, tanto el Sol como el ejercicio físico tienen el efecto beneficioso de reducir el estrés, en particular mitigando el nerviosismo, la ansiedad y el desequilibrio emocional; aumentando la tolerancia al estrés, la confianza en uno mismo, la imaginación y la creatividad; cambiando el estado de ánimo y el carácter en sentido positivo y reduciendo los hábitos no saludables, como el abuso del tabaco y el alcohol. Diversos estudios realizados en Rusia han demostrado, asimismo, que las úlceras duodenales mejoran mucho si se toma regularmente el sol.

Según una investigación realizada en Estados Unidos, si a un programa de ejercicio físico se añadían unas sesiones de baños de sol, los sujetos experimentaban un aumento de su rendimiento en las pruebas físicas. Por otro lado, aquellos que se expusieron a la luz UV tuvieron un 50 % menos episodios catarrales que aquellos que no se expusieron. El sistema inmunitario de esos sujetos se mantenía en unos niveles muy altos de eficiencia; también los niños que recibían dosis suplementarias de rayos UV durante el invierno rendían mucho más en los entrenamientos. Ir de vacaciones a un lugar soleado, por ejemplo, puede ayudar a mantener el sistema inmunológico equilibrado durante el invierno. Pasar cada día algo de tiempo al aire libre, aunque haga frío, también ayuda a la hora de tomar los rayos UV necesarios. Las lámparas de rayos UV también pueden llegar a ser muy útiles. La lámpara modular de rayos UV que se comercializa en la página web del doctor Mercola, www.mercola.com, produce radicales de hidroxilo y otros elementos que neutralizan las toxinas y destruyen los microbios de modo efectivo hasta de 0,001 micra de tamaño que entran en contacto con los potentes rayos que UVC.

Y si el lector toma analgésicos, podría comprobar lo siguiente: un reciente estudio hospitalario descubrió que los pacientes que permanecían en habitaciones más soleadas necesitaban menos analgésicos que los pacientes que estaban en habitaciones más oscuras. De hecho, consiguieron reducir un 21 % los gastos de farmacia.

4. Las personas de piel oscura, como los africanos, no reciben gran parte de los rayos solares y necesitan varias horas de sol al día para mantenerse sanos. Las personas de piel clara necesitan menos horas de sol (de 20 a 60 minutos al día) para beneficiarse de los rayos solares. Al ser criaturas terrestres, estamos concebidos para vivir en un entorno natural. Privarnos de Sol durante largos períodos de tiempo representa un importante factor de riesgo.

5. Las mujeres que utilizan diariamente productos de maquillaje sintéticos pueden llegar a absorber hasta dos kilos de productos químicos al año. Esos agentes químicos pasan directamente a la sangre y penetran en los tejidos blandos de los órganos. Los efectos secundarios van desde la irritación cutánea hasta el cáncer. El lnstituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo de Estados Unidos ha declarado que unos 900 agentes químicos utilizados en productos cosméticos son tóxicos. Una categoría de esos agentes químicos son los parabenos, conservantes que se han relacionado con el cáncer.

[divider]Leer la primera parte de Los secretos curativos del sol. Parte 1.

Continuar leyendo la cuarta parte de Los secretos curativos del sol. Parte 4.

[divider]Fuente: Libro “Los secretos eternos de la salud” de Andreas Moritz. Ediciones Obelisco. Capítulo 8 págs. 350 a 375.

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Los secretos curativos del sol. Parte 2

Siempre han existido profesionales de la salud que no han compartido la teoría de que el sol acarrea enfermedades mortales. Ahora incluso algunas de las más altas autoridades en el campo de la salud defienden la verdad a pesar de las exacerbadas críticas de sus colegas. En un artículo publicado en el New York Times, en agosto de 2004, un prestigioso dermatólogo, el doctor Bernard Ackerman (reciente ganador del Master Award de la Academia de Dermatología de Estados Unidos) cuestionaba la presunción comúnmente aceptada de que existe un vínculo entre la luz solar y el melanoma. Según el doctor Ackerman, quien en 1999 fundó el centro de formación de dermopatología más grande del mundo, no existe prueba alguna de que la exposición a la luz solar provoque melanomas. A fin de confirmar su argumentación. cita un artículo publicado recientemente en Archive of Dermatology, en el que se llega a la conclusión de que no está demostrado en modo alguno que los filtros protectores solares prevengan el melanoma, como han estado afirmando falsamente la archimillonaria industria de cremas de protección solar y la clase médica establecida durante décadas.

El doctor Ackerman no se limita a exponer el engaño al que se había estado sometiendo a la población durante décadas, sino que además pone en duda el aumento de la incidencia de casos de melanoma que la clase médica dominante insiste en afirmar. Ackerman señala que la ampliación de la definición del diagnóstico del «melanoma» ha permitido que exista un número de síntomas mucho mayor que son calificados ahora de enfermedad mortal en comparación con tan sólo treinta años antes. El melanoma ha adquirido proporciones de epidemia en gran medida debido a manipulaciones estadísticas. En otras palabras, si en la actualidad se hiciera el mismo diagnóstico que se hacía hace treinta años, los casos de melanoma habrían aumentado de modo insignificante.

Además, este respetado médico retó a la clase médica a explicar por qué casi Todos los casos de melanoma que se producen en ciertas poblaciones humanas (negros africanos, asiáticos y sudamericanos) aparecen en zonas del cuerpo que casi nunca se exponen a la luz solar, zonas como las palmas de las manos, las plantas de los pies y las membranas mucosas.2 ¿No deberían plantearse médicos y pacientes a un tiempo por qué incluso en las personas de piel clara las zonas del cuerpo donde aparecen más los melanomas (las piernas en las mujeres y el tronco en los hombres) se exponen mucho menos a la luz de solar que otras? Para expresarlo gráficamente, partiendo de ésta y otras pruebas, la mejor manera de evitar el melanoma es irse a vivir a un lugar con una mayor concentración de rayos UV, un lugar en el trópico o en una región montañosa, y ¡hacerse nudista! Dado que la luz solar refuerza el sistema inmunológico, de paso se vería que tal mudanza sería de gran ayuda para otros muchos problemas de salud que puede estar uno padeciendo. Como es lógico, todos estos datos plantean la cuestión de cuál es la causa real del cáncer de piel. Puede que la respuesta sea una gran sorpresa para el lector.

El cáncer de piel causado por las cremas de protección solar

EL sol es completamente inofensivo a menos que expongamos nuestro cuerpo durante prolongados períodos de tiempo, sobre todo entre las 10.00 y las 15.00 horas (en verano). La exposición excesiva al sol nos hace sentir muy acalorados y molestos y nos quema la piel. Para evitar quemarnos y para sentirnos mejor, nuestro instinto natural nos llevará a buscar un lugar sombreado o a darnos una ducha refrescante. Sin embargo, los protectores solares interfieren en esta respuesta natural del cuerpo a la luz solar.

Los protectores solares bloquean los rayos UV de dos maneras: o bien con un filtro físico, como polvos de talco, óxido de titanio u óxido de zinc o bien con un filtro químico, entre cuyos componentes están el metoxicinamato, el ácido p-aminobenzoico, la benzofenona y otros agentes que absorben ciertas frecuencias de rayos UV del sol mientras que dejan pasar otras. Las lociones de protección solar que condenen ácido paraaminobenzoico (PASA), por ejemplo, no sólo anulan los efectos terapéuticos y curativos de la luz solar, sino que además pueden producir daños genéticos en la piel. Un reciente informe, hecho público por la FDA de Estados Unidos revela que 14 de 17 cremas bronceadoras que contienen PABA pueden ser cancerígenas. Otras investigaciones han demostrado que el PABA ocasiona mayores daños genéricos en el ADN de las células cutáneas mientras se toma el sol. Esas alteraciones de los genes y los cromosomas anulan la capacidad de las células para aurorreproducirse como es debido. Los rayos UV dañan el ADN en presencia del PABA, pero atribuir este efecto a los rayos UV equivale a decir que el oxígeno es peligroso porque al reaccionar con átomos de carbono se transforma en un producto de desecho nocivo para nuestra sangre.

La mayoría de los protectores solares protegen contra los rayos UVA, UVB o ambos.3 Todos tienen, además, un factor de protección solar (FPS) que indica la duración de la protección frente a las quemaduras en comparación a la exposición solar sin loción protectora. Así, por ejemplo, un FPS 15 indica que la protección durará 300 minutos en las personas que normalmente pueden estar al sol sin quemarse durante 20 minutos. Los FPS se aplican únicamente a la protección frente a los rayos UVB, no frente a los rayos UVA, pero como la efectividad de esas cremas desaparece bastante antes del tiempo calculado, los crédulos bañistas se aplican continuamente sobre la piel enormes cantidades de esos venenos químicos. La piel no es de plástico, sino que está formada por células vivas. La constante guerra bioquímica que se libra en la superficie de la piel incide en sus propios mecanismos de protección, los destruye y hace que la piel sea susceptible de sufrir daños permanentes y experimente un crecimiento anormal de sus células. Tales sospechas han aconsejado eliminar algunos productos químicos contenidos en las cremas de protección solar, como el 5-metoxipsoraleno.

Pero el principal problema del uso de filtros solares es que hacen que las personas que toman el sol lo hagan durante mucho más tiempo que lo que normalmente sería prudencial. Un informe médico británico, realizado en junio de 1996 y publicado como artículo de cabecera en la prestigiosa revista British Medical Journal, señalaba que el uso de protectores solares podía provocar más casos de cáncer de piel porque inducía a tomar el sol durante más tiempo. Su uso puede posponer muchas horas la aparición de quemaduras por insolación. Muchas personas creen que las cremas de protección solar son beneficiosas, cuando en realidad ponen su vida en peligro. Los médicos que elaboraron este informe citaban estudios realizados en 1995 en Europa occidental y en Escandinavia, en los que se demostraba que las personas que utilizaban con frecuencia las cremas de protección solar sufrían índices de cáncer de piel desproporcionadamente más elevados. El informe dice: «Los protectores solares sólo protegen contra los rayos ultravioleta B y, por tanto, comportan una mayor exposición a los rayos ultravioleta A (UVA) que la que se produciría de otro modo». En otras palabras, hay muchas personas que se exponen mucho más a los rayos UVA de lo que harían si no utilizaran ninguna loción solar. Las quemaduras solares, en realidad, son la respuesta defensiva natural del organismo contra un daño mayor, como el cáncer de piel.

Sin protección solar, la piel empieza a picar de un modo desagradable cuando se expone excesivamente al sol. En cambio, cuando se utilizan cremas no se aprecia si el cuerpo ya ha recibido suficiente sol, pues la primera línea de defensa –La quemazón insoportable– ha quedado alterada, la exposición excesiva a los rayos UVA combinada con agentes químicos nocivos externos y, tal vez, con toxinas internas, constituye una fórmula perfecta para dañar las células cutáneas y causar tumores. En condiciones normales (sin protección solar), una persona nunca tomaría demasiados UVA, incluso aunque permaneciera tumbada al sol durante muchas horas; aunque se quemara la piel debido a la exposición excesiva a los rayos UVB, aun así seguiría estando protegida frente a un exceso de rayos UVA.

Como descubrió el doctor Ackerman, si bien las quemaduras solares pueden alterar temporalmente las funciones inmunológicas y dañar la piel, no existen pruebas de que causen cáncer de piel. El informe de British Medical Journal concluía que los expertos médicos «apenas saben algo de la relación existente entre las quemaduras causadas por el sol y el cáncer de piel». Esta afirmación se refiere a todos los tipos de cáncer de piel, especialmente al más letal de todos: el melanoma. A pesar del número ingente de investigaciones que se han llevado a cabo sobre el cáncer de piel, no existe ningún indicio de que el melanoma maligno tenga que ver con la exposición a los rayos UV. Lo que sí se sabe a ciencia cierta es que los filtros solares no sólo no protegen la piel frente al cáncer, sino que, por el contrario, lo estimulan al ampliar la absorción de rayos UVA. De ahí que los filtros solares sean mucho más peligrosos de lo que jamás podría llegar a ser la luz solar.

Queda la pregunta de si los filtros solares concebidos para captar tanto la radicación UVA como la UVB pueden resolver los problemas. La investigación científica ha demostrado que tampoco previenen el cáncer de piel. En primer lugar, la piel se ve sometida al ataque ácido que se produce al aplicar la crema. En segundo lugar, al captar los rayos UVA y UVB, el cuerpo se ve privado de los rayos solares más importantes que le permiten mantener la necesaria capacidad inmune y otros numerosos procesos fundamentales. El cuerpo necesita los rayos UVB, por ejemplo, para sintetizar la vitamina D, sin la cual no podríamos sobrevivir. ¿Es extraño, por tanto, descubrir que hoy en día haya muchas personas que sufren cáncer de piel sin apenas haber estado nunca expuestas a la luz solar?

La falta de luz solar: una trampa mortal

Desde hace varias décadas se sabe que las personas que viven la mayor parte del tiempo al aire libre, en grandes altitudes o cerca del ecuador, tienen la menor incidencia de cáncer de piel. Y como se desprende de esos datos, las personas que trabajan con luz artificial tienen la mayor incidencia en ese tipo de cáncer. En un estudio realizado con personal de la marina de guerra estadounidense entre 1974 y 1984, los investigadores descubrieron que los marineros que desempeñaban tareas en lugares cerrados tenían una mayor incidencia de cáncer de piel que los que trabajaban al aire libre. Los que trabajaban tanto en lugares cerrados como al aire libre resultaron ser los menos afectados, ya que su tasa de incidencia de cáncer de piel era un 24 % inferior a la media nacional estadounidense. Puesto que ninguno de los marineros pasaba todo el día en el exterior, no se pudo determinar si estar durante todo el día al aire libre comportaba la protección más alta.

Es interesante destacar que algunas de las ciudades más cálidas de Estados Unidos, como Phoenix, en Arizona, tienen los índices más altos de cáncer de piel, pero no porque sus habitantes expongan su piel excesivamente al sol… El calor extremo durante la mayor parte del año hace que gran parte de la población permanezca dentro de los edificios durante el día. Además, el aire seco y caliente del exterior y el aire seco y frío que suministran los aparatos de aire acondicionado en el interior de los hogares, las oficinas y los automóviles eliminan la humedad de la piel y la dejan casi totalmente desprovista de su protección natural frente a los elementos, hongos y bacterias. Incluso durante la noche, debido al aire acondicionado, la piel apenas puede respirar aire húmedo natural. La deshidratación de la piel reduce notablemente su capacidad de eliminar residuos nocivos de los tejidos conectivos y otras partes del cuerpo. Además, la piel deshidratada absorbe con avidez los productos químicos que contienen la mayor parte de las cremas hidratantes y solares, que se utilizan con mayor frecuencia en lugares secos y calurosos como Phoenix. Todo ello puede debilitar y dañar progresivamente las células cutáneas, que en muchos casos se vuelven cancerosas.

El promedio de horas que los norteamericanos que residen en las ciudades pasan en el interior de los edificios es de unas veintidós horas al día y la mayor parte de ese período utilizan luz artificial. También los niños pasan cada vez menos tiempo en contacto con la naturaleza y más en el interior de las casas, en el colegio, frente al ordenador y el televisor. Durante el invierno, gran parte de la población urbana trabajadora apenas ve la luz del día, a no ser a través de las ventanas, cuyos vidrios reflejan los rayos UV. La luz incandescente tiene un ancho de banda reducido en comparación con la luz solar y se sabe que la exposición a ella debilita la inmunidad natural del organismo. (Un estudio realizado en Rusia mostró que los obreros expuestos a rayos UV durante el horario laboral se acatarraban hasta un 50 % menos.) Un sistema inmunológico debilitado no puede defenderse adecuadamente de ninguna enfermedad, incluido el cáncer de piel.

La investigadora Helen Shaw y su equipo llevaron a cabo un estudio sobre el melanoma en la Facultad de Higiene y Medicina Tropical de Londres y en la Clínica de Melanoma del Hospital de Sydney. Descubrieron que los administrativos tenían una incidencia de este cáncer mortal dos veces mayor que las personas que trabajaban al aire libre. Los resultados de este estudio se publicaron en la revista médica Lancet en 1982. La doctora Shaw demostró que quienes pasan la mayor parte del tiempo al aire libre corren de lejos un riesgo mucho menor de desarrollar un cáncer de piel. En claro contraste con las personas que vivían o trabajaban al aire libre, los oficinistas que pasaban la mayor parte del día en sus puestos de trabajo expuestos a la luz artificial tenían un mayor riesgo de desarrollar melanomas. La doctora descubrió, asimismo, que las lámparas fluorescentes originan mutaciones en los cultivos de células animales.

El trabajo de investigación de la doctora Shaw mostró que, tanto en Australia como en Gran Bretaña, los índices de melanoma eran mayores en los profesionales y en los administrativos y menores en la gente que trabajaba al aire libre. Dicho de otro modo, australianos y británicos, así como el resto de todos nosotros deberíamos pasar más tiempo en el exterior, allí donde hay rayos UV en abundancia. Otros estudios similares que se llevaron a cabo en la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York confirmaron y completaron los resultados obtenidos por la doctora Shaw.

Las personas afrocaribeñas de piel y cabello morenos o negros pueden pasar mucho tiempo al sol sin quemarse. Raramente sufren cáncer de piel cuando viven en sus lugares de origen, donde la radiación solar es muy abundante. Su piel rica en melanina filtra muchos de los rayos UV, pero deja pasar suficientes rayos beneficiosos. El problema surge cuando se trasladan a países de clima más moderado o frío, como el Reino Unido o Suecia, donde han de exponerse al sol durante más tiempo que las personas de tez pálida a fin de mantener sus niveles de vitamina D. En Estados Unidos, un 42 % de las mujeres afroamericanas en edad fértil sufren deficiencia de vitamina D. Si las personas de piel más oscura no consiguen esa dosis complementaria de luz solar, son ellas las más propensas a desarrollar cáncer de piel. La razón de tener un mayor riesgo de sufrir cáncer de piel no es que reciban demasiada luz solar, sino muy poca.

Corroborando anteriores hallazgos de que la vitamina D ayuda a prevenir el cáncer, la revista American Joumal of Clinical Nutrition publicó en junio de 2007 el primer estudio amplio controlado con placebo sobre el cáncer y la vitamina D. En él se mostraba que la vitamina D puede reducir el riesgo de contraer cáncer hasta en un 60 %. El estudio englobó a cerca de 1.200 mujeres de 55 de edad en adelante, a las que se hizo un seguimiento durante cuatro años. Las mujeres se dividieron en dos grupos; a un grupo se le administraron suplementos de calcio y de vitamina D y el otro recibió un placebo. El primer grupo tuvo un 60 % menos de riesgo de contraer cualquier tipo de cáncer en comparación con el grupo del placebo.

Este estudio se vio confirmado por los resultados de las investigaciones de la Universidad de Stanford. La exposición al sol puede reducir el riesgo de contraer cáncer de mama, según un nuevo estudio publicado el 12 de octubre de 2007 en el American Joumal of Epidemiology. El estudio se realizó con 4.000 mujeres de 35 a 79 años de edad y evaluó los efectos de la exposición prolongada al sol. Se descubrió que las mujeres de piel clara que habían tomado mucho el sol tenían la mitad de probabilidades de desarrollar un cáncer de mama avanzado (cáncer que se ha extendido más allá de las mamas) que las mujeres que se habían expuesto poco al sol. En otras palabras, cuanto más tomen el sol de modo regular, menos posibilidades tienen las mujeres de desarrollar cáncer de mama o de otro tipo.

La Sociedad de Lucha contra el Cáncer de Canadá, en respuesta a los más recientes estudios sobre el cáncer, recomienda actualmente a todos los adultos la vitamina D; es la primera vez, que un organismo oficial de la sanidad pública aconseja la vitamina como terapia preventiva del cáncer. Aunque la vitamina D se encuentra en algunos alimentos y complementos, alrededor de un 90% de ella la produce el cuerpo en respuesta directa a la exposición solar. De hecho, la manera más efectiva y rápida de obtener la máxima cantidad de esta vitamina que previene el cáncer es tomar el sol. Si bien el contacto directo con la luz solar previene el cáncer y otras muchas enfermedades desde hace miles de años, la industria farmacéutica actual lo desaconseja e incluso advierte contra él.

Como es frecuente, las teorías médicas que se basan en una mera sintomatología no explican las causas de la enfermedad. En realidad, es más que probable que hagan que uno enferme. No hay que hacer caso de los consejos de ningún médico, empresa u organización que quieran protegernos de una supuesta amenaza cuando al mismo tiempo están intentando vendernos alguna otra cosa, como cremas de protección solares.

[hr]2. Aunque el melanoma ha aumentado su incidencia en las poblaciones de piel pálida (que utilizan cremas protectoras) de todo el mundo, no se ha producido un incremento equivalente en las poblaciones de piel oscura, en las que la incidencia es tan sólo de una décima a una tercera parte. La piel de esas personas tiene mayor cantidad de melanina, que les protege, pero también es cierto que pasan mucho más tiempo al aire libre expuestos a concentraciones de rayos UV que suelen ser más altas.
3. De los tres tipos de rayos ultravioleta, los rayos UVA son principalmente responsables de la respuesta del bronceado de lo piel, los rayos UVB activan las síntesis de la vitamina D, primordial para la absorción del calcio y otros minerales, mientras que los rayos UVC, casi totalmente absorbidos por las capa de ozono de la Tierra, son germicidas y eliminan bacterias, virus y otros gérmenes patológenos.

[divider]Leer la primera parte de Los secretos curativos del sol. Parte 1.

Continuar leyendo la tercera parte de Los secretos curativos del sol. Parte 3.

[divider]Fuente: Libro “Los secretos eternos de la salud” de Andreas Moritz. Ediciones Obelisco. Capítulo 8 págs. 350 a 375.

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Los secretos curativos del sol. Parte 1

El sol

El milagroso poder curativo de la luz ultravioleta

La época en que el impulso natural inmediato el primer día soleado de la primavera era salir al aire libre y disfrutar hace ya tiempo que pasó a la historia. Tan sólo los muy valientes o los «descuidados» que hacen caso omiso a las crudas advertencias de los mandarines de la medicina y los especialistas en cáncer, que cuentan con el pleno apoyo de los fabricantes de cremas de protección solar, se atreven a exponerse a «peligros» del Sol. A menos que vayan untados de la cabeza a los pies con cremas de protección solar de factor 60, ponen en juego su vida, o eso les hacen creer aquellos que no persiguen otra cosa que su propio interés pecuniario. Por fortuna, este punto de vista está empezando a desmoronarse, ya que no existe ni una sola prueba científca que demuestre que la luz solar produce enfermedades. Al contrario, lo que se está descubriendo es que la falta de exposición a la luz solar es uno de los mayores factores de riesgo de caer enfermo. Son muy pocos los que saben que la falta de sol hace que cada año mueran de cáncer unas 50.000 personas tan sólo en Estados Unidos. Como veremos más adelante, son muertes que se habrían podido evitar fácilmente gracias a la vitamina D que produce el cuerpo en respuesta a una exposición regular al sol.

Por desgracia, es el espectro ultravioleta de la luz solar el que se elimina de manera más fácil por los vidrios de las ventanas, las casas, las gafas correctoras o las gafas de sol, las lociones solares y las prendas de vestir. Antes de que se descubrieran los antibióticos en 1930 –el primero fue la penicilina–, la comunidad médica, al menos en Europa, sabía apreciar el poder curativo del Sol. Desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, la terapia basada en la luz solar, la llamada «helioterapia», se consideraba uno de los tratamientos más eficaces contra las enfermedades infecciosas.

Ciertos estudios han revelado que los pacientes expuestos a la luz solar de una manera controlada experimentaron un imponante descenso de la presión arterial (una bajada de hasta 40 mm Hg), una disminución del nivel de colesterol en sangre, una reducción de los niveles anormalmente altos de azúcar en personas diabéticas y un aumento de los glóbulos blancos que los individuos necesitan para ayudarles a resistir a la enfermedad. Los pacientes que sufren gota, artritis reumaroide, colitis, arteriosclerosis, anemia, cistitis, eczemas, acné, psoriasis, herpes, lupus, ciática, problemas renales, asma e incluso quemaduras se verán beneficiados por el poder curativo de los rayos solares.

El médico y escritor Auguste Rollier fue uno de los más famosos helioterapeuras de su época. En el momento más álgido de su carrera dirigía 36 clínicas con un total de unas mil camas en Leysin, Suiza. Esas clínicas estaban situadas a más de 1.500 m sobre el nivel del mar, una actitud que permitía que sus pacientes recibieran una cantidad de rayos UV mucho mayor que la que es posible en los niveles más bajos de la atmósfera. El doctor Rollier utilizó los rayos UV para el tratamiento de enfermedades como la tuberculosis, el raquitismo, la viruela, el lupus vulgaris (tuberculosis cutánea) y las heridas; siguió los pasos del médico danés Niels Finsen, ganador del premio Nobel en 1903 por el tratamiento de la tuberculosis con luz ultravioleta. Rollier descubrió que los baños solares a primera hora de la mañana, junto con una dieta nutritiva, aportaban los mejores resultados.

La sorprendente cura de la tuberculosis y de otras enfermedades que consiguieron esos médicos ocupó los titulares de la época. Lo que más sorprendió a la profesión médica fue que los benéficos rayos solares no surtieran efecto en los pacientes que utilizaban gafas de sol. (Las gafas de sol captan importantes rayos del espectro de luz que el cuerpo requiere para realizar sus principales funciones biológicas.) Los ojos reciben estos rayos, aunque la persona se halle en la sombra.

Hacia 1933 se había comprobado que la luz solar constituía un tratamiento beneficioso para más de 165 enfermedades diferentes. Sin embargo, en 1954, tras la muerte de Rollier y el creciente poder de la industria farmacéutica, el uso de la heliorerapia empezó a caer en picada. En la década de 1960, los «fármacos milagrosos» creados por el hombre sustituyeron a la fascinación médica por los poderes curarivos del Sol, y en la década de 1980 se comenzó a bombardear cada vez más a la población con las advertencias contra los baños de sol y el riesgo de contraer cáncer de piel.

Hoy en día se considera que el Sol es el principal culpable del cáncer de piel, de las cataratas que preceden a la ceguera y del envejecimiento cutáneo. Tan sólo las personas que se «arriesgan» a tomar el sol descubren que éste les hace sentir mejor, siempre y cuando no usen filtros solares y no se quemen la piel. En realidad, lo que hacen los rayos UV del Sol es estimular la glándula tiroides para que incremente la producción de hormonas, lo cual, a su vez, incrementa el ritmo del metabolismo basal del organismo. Esto ayuda tanto a perder peso como a mejorar el desarrollo muscular. En las exploraciones ganaderas, los animales crecen con mayor rapidez cuando se crían al aire libre, y lo mismo ocurre con las personas que coman el sol. Por tanto, si se desea perder peso o incrementar el tono muscular, hay que tomar el sol regularmente.

En estos últimos años, la utilización de los antibióticos, que han llegado prácticamente a sustituir a la helioterapia, ha dado lugar al desarrollo de cepas bacterianas resistentes a esos fármacos, bacterias que desafían cualquier tratamiento que no sea el de un uso adecuado de la luz solar, el aire, el agua y los alimentos. Reducir notablemente o anular cualquiera de estos cuatro elementos esenciales de la vida es abrir las puertas a la enfermedad.

Cualquiera que excluya de su vida la luz solar se debilitará y sufrirá problemas mentales y físicos. Con el tiempo, su energía vital disminuirá y ello se reflejará en su calidad de vida. En la población de los países del norte de Europa, como Noruega y Finlandia, que experimenta cada año muchos meses de oscuridad, se produce una mayor incidencia de fenómenos de fatiga, irritabilidad, enfermedad, insomnio, depresión, alcoholismo y suicidio que en la que vive en zonas con más horas de luz solar. Sus casas de cáncer de piel también son más airas. La incidencia de melanomas por ejemplo, es diez veces mayor en las islas Orkney y Sherland, al norte de Escocia que en las islas mediterráneas.

Los rayos UV activan una importante hormona de la piel llamada solitrol. Esta hormona influye en nuestro sistema inmunológico y en muchos de los centros reguladores de nuestro organismo, y, junto a la hormona pineal melatonina, da lugar a los cambios de humor y a los ritmos biológicos diarios. La hemoglobina de los glóbulos rojos necesita la luz ultravioleta (UV) para enlazar el oxígeno que necesitamos para todas las funciones celulares. La falta de luz solar, por consiguiente, puede considerarse en parte responsable de casi todas las enfermedades, incluido el cáncer de piel y otros tipos de cáncer. Como empezará a advertir el lector, no tomar el sol puede ser muy perjudicial para la salud.

¿Puden los rayos UV prevenir y curar el cáncer de piel?

En la actualidad, una de las principales preocupaciones de los científicos es el extraordinario aumento del cáncer de piel en todo el mundo. Existen tres tipos principales de cáncer de piel, dos de los cuales –el carcinoma de las células basales y el carcinoma escamoso (no melanomas)– son cada vez más frecuentes, mientras que el tercero, el melanoma maligno, es más infrecuente, pero más letal1. La pregunta más acuciame es: ¿por qué iba el Sol a volverse de pronto tan maligno e intentar matar a tantas personas cuando lleva miles de años sin hacer daño a nadie?

La profesión médica afirma que los rayos ultravioleta (UV) son la causa principal del cáncer de piel. Esta teoría se basa en la suposición de que la fina capa de ozono de nuestro planeta permite que penetre en la superficie terrestre una cantidad demasiado abundante de esos rayos, que causaría toda clase de desperfectos, como lesiones en nuestra piel y nuestras células oculares. Sin embargo, esa teoría tiene importantes fallos y carece de cualquier fundamento científico. Contrariamente a la creencia general, no existe ninguna prueba de que la reducción de la capa de ozono observada en los polos terrestres haya ocasionado un aumento de los melanomas.

La capa de ozono que se halla en la estratosfera destruye o filtra la frecuencia germicida de los rayos UV, de modo que tan sólo pequeñas cantidades -las necesarias para purificar el aire que respiramos y el agua que bebemos- alcanzan realmente la superficie terrestre. A ese efecto, un estudio realizado en Punta Arenas, la mayor ciudad sudamericana que se encuentra próxima al agujero de la capa de ozono del Antártico, no mostró ningún incremento de las afecciones relacionadas con el agotamiento del ozono. De hecho, las cantidades de rayos UV medidas eran demasiado pequeñas para rener un efecto palpable. Las mediciones llevadas a cabo en Estados Unidos desde 1974 señalan que las radiaciones de rayos UV que llegan a la superficie terrestre disminuyen ligeramente año tras año. Esta investigación se emprendió para detectar la frecuencia de la radiación UV que ocasiona quemaduras solares. De 1974 a 1985, la radiación UV ha disminuido un 0.7 % anual y ha seguido descendiendo.

El hecho de que el número de casos de cáncer de piel en Estados Unidos se haya duplicado durante este período de 11 años se contradice con la teoría de que la luz UV es La causante de la epidemia del cáncer de piel. En 1980, en Estados Unidos se diagnosticaron 8.000 casos de cáncer de piel maligno (melanomas), que ocho años después habían aumenrado un 350 %, sumando un total de 28.000 casos. La posibilidad de desarrollar un melanoma en 1930 eran tan sólo de una por cada 1.300 personas. Desde 2003, cada año se diagnostican en Estados Unidos de 45.000 a 50.000 nuevos casos. Los melanomas, que causan el 75 % de los decesos por cáncer de piel, constituyen tan sólo un 5 % de la totalidad de los casos de cáncer de piel diagnosticados. Lo más sorprendente de esta forma letal de cáncer es que puede aparecer en zonas del cuerpo que no se exponen normalmente al Sol, como los ojos, el recto, la vagina, la boca, el tracto respiratorio, el tracto digestivo y la vejiga urinaria.

En resumen, desde el inicio del nuevo milenio, en Estados Unidos se diagnostica cada año un millón de casos de cáncer de piel de uno u otro tipo. En la actualidad hay millones de pacientes a los que se les ha hecho creer que el Sol es el culpable de su enfermedad cutánea. Sin embargo, dado que las radiaciones de rayos UV disminuyen cada año y el cáncer de piel era una enfermedad muy poco común hace 100 años, cuando las radiaciones eran mucho mayores y la gente pasaba mucho más tiempo al aire libre, ¿qué otros factores son los responsables del cáncer de piel?

A más rayos UV, menos cáncer

Aun cuando la penetración de los rayos UV basta la superficie terrestre hubiera aumentado un 1 % anual (lo cual no es el caso), ese ligero aumento habría sido cientos o incluso miles de veces menor que la variación normal que experimentan las personas a causa de las diferencias geográficas.

Supongamos que una persona se traslada desde un lugar cercano a cualquiera de los dos polos, por ejemplo, Islandia o Finlandia, a otro próximo al ecuador, como Kenia o Uganda, en el este de África. Cuando llegue al ecuador, la exposición de su organismo a los rayos UV habrá aumentado nada menos que un 5.000 %. Si está viviendo en Inglaterra y decide mudarse al norte de Australia, la exposición se incrementará un 600 %. Según los cálculos, cada 10 km que una persona se acerca al ecuador, la exposición solar se incrementa un 1 %.

En la actualidad, millones de personas de todo el mundo viajan de zonas de baja radiación solar a zonas de alta exposición, cercanas al ecuador. Miles de turistas viajan a lugares situados a altitudes mucho mayores que los lugares donde residen. Por cada treinta metros que ganan en altitud se produce un incremento palpable de la exposición a los rayos UV, pero ello no impide que la gente escale montañas o viva en países como Suiza, o a altitudes mucho mayores, como en la cadena montañosa del Hímalaya. Según la teoría que vincula la radiación UV al cáncer, la mayoría de los habitantes de Kenia, del Tíbec o de Suiza deberían sufrir cáncer de piel. Pero no ocurre esto. Más bien, lo que ocurre es que las personas que viven en grandes altitudes o cerca del ecuador, donde las radiaciones de UV están más concentradas, desconocen prácticamente cualquier clase de cáncer, no sólo el cáncer de piel. Ello demuestra que la radiación UV no provoca cáncer y que incluso puede prevenirlo.

El cuerpo humano tiene una extraordinaria capacidad para adaptarse a todo tipo de cambios medioambientales. Está dotado de mecanismos qué se autorregulan perfectamente para protegerse de los elementos naturales. Nadar demasiado tiempo en el mar o en un lago puede ocasionar una imponante inflamación cutánea, escalofríos y problemas circulatorios. Nuestro cuerpo nos hace saber cuándo es el momento de salir del agua. Estar demasiado cerca del fuego nos acalora y hace que nos alejemos de él. La lluvia es natural, pero permanecer demasiado tiempo bajo la lluvia puede agotar nuestro sistema inmunológico y hacernos más susceptibles a sufrir un resfriado. Comer nos ayuda a vivir, pero atiborrarnos nos conduce a la obesidad, la diabetes, los ataques de corazón y el cáncer. Dormir nos «recarga las baterías» y revitaliza nuestro cuerpo y nuestra mente, aunque hacerlo en exceso nos hace sentir aletargados, deprimidos y enfermos. Del mismo modo, la luz solar tiene propiedades curativas a menos que la usemos para quemarnos agujeros en la piel. ¿Podrían algunos de esos elementos o procedimientos naturales causarnos daño a menos que abusáramos de ellos?

¿No sería más razonable pensar que el gusto por las cosas artificiales, como la comida basura, los estimulantes, el alcohol, los fármacos, las intervenciones quirúrgicas (a menos que sean por una urgencia), así como la contaminación, dormir mal, los malos hábitos alimenticios, el estrés, la codicia de poder y de dinero y la falta de contacto con la naruraleza son probablemente la causa de enfermedades como el cáncer de piel y las cataratas, y no los fenómenos naturales que han asegurado el crecimiento continuado y la evolución en el planeta a lo largo de los tiempos?

Es muy alentador ver que los nuevos tratamientos a base de luz solar están siendo reconocidos cada vez más como adelantos muy importantes para acabar con el cáncer y otras muchas enfermedades. La administración de medicamentos y alimentos de Estados Unidos (FDA) aprobó reciemememe la «terapia lumínica» para tratar casos avanzados de cáncer esofágico y casos incipientes de cáncer de pulmón, con menos riesgo que con los que se basan en cirugía y quimioterapia. Aunque hace más de cien años que se sabe que la luz puede matar las células enfermas, tan sólo después de los numerosos y convincentes estudios científicos realizados ha existido de pronto un renovado interés por la rerapia lumínica o fototerapia.

Se han producido éxitos esperanzadores en el cáncer de vejiga, la endornetriosis causante de la infertilidad, el cáncer avanzado de pulmón y el de esófago, el cáncer de piel, las enfermedades que producen ceguera, la psoriasis y los trastornos autoinmunes. Según un estudio, la fototerapia acabó con un 79 % de los casos incipientes de cáncer de pulmón. La exposición regular a la luz solar parece ser una de las mejores medidas que se pueden adoptar para prevenir el cáncer, incluido el cáncer de piel.

[hr]1. El carcinoma de células basales (BCC) es la forma más frecuente, pero no se extiende. Si no se trata, va penetrando en los tejidos subyacentes y causa desfiguración y graves lesiones.
El carcinoma escamoso se considera más peligroso que el BCC porque se extiende a otras partes del cuerpo.
El carcinoma maligno es el más peligroso de los cánceres de piel. Puede llegar a extenderse con gran rapidez y, a menos que se detecte a tiempo, es muy difícil de tratar. Se desarrolla a partir de las células llamadas melanocitos en la capa externa de la piel. Los melanomas suelen iniciarse en los lunares o en zonas de la piel que presentan un aspecto anómalo.

[divider]Segunda parte de Los secretos curativos del sol

[divider]Fuente: Libro «Los secretos eternos de la salud» de Andreas Moritz. Ediciones Obelisco. Capítulo 8 págs. 350 a 375.

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Científicos revelan nuevo descubrimiento acerca del cáncer a la piel y el uso del bloqueador solar

Según un artículo publicado durante junio de 2014 por el portal inglés “The Independent”, un importante estudio realizado por investigadores del Instituto Karolinska en Suecia concluyó que las personas que evitan tomar sol durante el verano tienen el doble de probabilidades de morir que aquellas que toman sol todos los días.

El estudio epidemiológico siguió a 30.000 mujeres de más de 20 años y mostró que la mortalidad fue casi el doble en el grupo de mujeres que evitan la exposición al sol en comparación con el grupo de mayor exposición.

Los investigadores llegaron a la conclusión de que el dogma convencional que aconseja evitar el sol y cubrirse en protector solar para reducir al mínimo la exposición al sol, está teniendo un impacto más bien negativo.

Este impacto negativo se debe a que evitar el sol en general se combina con el uso excesivo de protector solar, el cual bloquea la capacidad del cuerpo para producir vitamina D3. Este vitamina es generada por el cuerpo a base de los rayos UV del sol y es por lejos el formato más beneficioso de vitamina D.

Hoy en día, en los EEUU, la deficiencia de vitamina D se encuentra en niveles de epidemia e irónicamente, la deficiencia de vitamina D puede conducir a formas agresivas de cáncer de piel. Un estudio publicado en Cancer Prevention Research el año 2011, sugiere que la vitamina D en niveles óptimos en la sangre, ofrece protección contra las quemaduras solares e incluso ante el cáncer de piel.

Además, la vitamina D protege el cuerpo de enfermedades tales como la esclerosis múltiple, el raquitismo (en los jóvenes), la tuberculosis, enfermedades inflamatorias del intestino, diabetes tipo 1, artritis y el síndrome de Sjogren.

De acuerdo al Consejo de la Vitamina D, los investigadores de la Universidad de Alabama en Birmingham informaron recientemente que “la falta de exposición al sol puede conducir a un deterioro cognitivo en el tiempo.”

Un dermatólogo disidente

Bernard Ackerman (fallecido el 2008) fue una de las primeras autoridades del mundo sobre el tema de cáncer de piel, el sol, protectores solares y los riesgos de melanoma.

A continuación se presentan las opiniones de Ackerman extraídas de un artículo en The New York Times (20 de julio, 2004), titulado “No estoy de acuerdo; Un dermatólogo que no tiene miedo de sentarse en la playa”:

La relación entre el melanoma y la exposición al sol (el dogma de la dermatología) no está comprobado. Actualmente no hay pruebas concluyentes de que las quemaduras de sol produzcan cáncer. No hay ninguna prueba real de que los bloqueadores solares protejan a la piel del melanoma. No hay pruebas de que el aumento de la exposición al sol aumente el riesgo de melanoma”.

Por otro lado, un estudio realizado en Suecia el año 2000, llegó a la conclusión de que las tasas más altas de melanoma predominan en las personas que usan protector solar.

Los bloqueadores solares: los riesgos biológicos que causan cáncer

La Dra. Elizabeth Plourde es una científica de California autora del libro Sunscreens – Biohazard: Treat as Hazardous Waste (Bloqueadores Solares – Peligro Ambiental: Tratar como desecho peligroso), que documenta los graves peligros que constituyen los bloqueadores solares para las personas y el medio ambiente.

Plourde demuestra que el melanoma maligno y otros tipos de cáncer a la piel incrementaron significativamente con el uso de bloqueadores solares durante un período de 30 años. Ella enfatiza que muchos bloqueadores solares contienen productos químicos que son carcinógenos conocidos y disruptores endocrinos.

La investigación de la Dra. Plourde en ratones reveló un aumento de mortalidad tanto en crías como en adultos, así como problemas reproductivos en las generaciones posteriores.

Además, su libro documenta cómo los productos químicos de protección solar han contaminado las fuentes de agua de nuestro planeta, incluyendo océanos, ríos y el agua potable doméstica. Peor aún, pruebas revelaron que el 97% de los estadounidenses contienen químicos de protección solar en la sangre.

El libro del Dra. Plourde también tiene un capítulo dedicado a la importancia de la vitamina D3 para la salud, y se postula que la deficiencia de vitamina D3 generalizada está vinculada al uso excesivo de la protección solar combinado con evitar la exposición al sol en general.

Fuente: www.accionpreferente.com | Autor: Gustavo Aldunate