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Los secretos curativos del sol. Parte 3

Sin Sol no hay salud

Una dosis equilibrada de luz solar, que varía en función del tipo corporal y del color de La piel, 4 permite beneficiarnos de las diversas bandas de frecuencia de luz ultravioleta que llegan a la Tierra. Junto a una buena nutrición y un estilo de vida equilibrado, la luz del sol nos ofrece la mejor protección posible contra todo tipo de enfermedades. Las investigaciones realizadas en todo el mundo en torno a la luz solar han demostrado que la exposición a los rayos ultravioleta es quizás el tratamiento curativo más completo e impresionante que existe. Con todos estos enormes beneficios que según está demostrado nos ofrece el Sol, es verdaderamente incomprensible que la mayor parte de las personas enfermas de todo el mundo sigan confiando en fármacos costosos y dañinos que no comportan ni de lejos tantos beneficios. He aquí algunos ejemplos de lo que puede aportarnos la luz ultravioleta:

La luz ultravioleta

  • Mejora los resultados de los electrocardiogramas
  • Reduce la presión arterial y el pulso cardíaco en reposo
  • Mejora el rendimiento del corazón cuando es preciso (no es contradictorio con la disminución del pulso en reposo)
  • Reduce el colesterol si conviene
  • Incrementa las reservas de glucógeno en el hígado
  • Equilibra el nivel de azúcar en sangre
  • Aumenta la energía, la resistencia y la fuerza muscular
  • Mejora la resistencia del organismo frente a las infecciones debidas al aumento del índice de linfocitos y fagocitos (el promedio de bacterias ingeridas por leucocito en la sangre del paciente)
  • Aumenta la capacidad de transporte de oxígeno de la sangre
  • Incrementa las hormonas sexuales
  • Mejora la resistencia de la piel a las infecciones
  • Aumenta la tolerancia al estrés y reduce la depresión

La luz solar no sólo purifica el agua de mar hasta una profundidad de casi cuatro metros, sino que además desinfecta la piel de gérmenes nocivos. Cuanto más larga sea la longitud de onda de la luz ultravioleta, más profundamente penetrará en la piel. Con 290 nanómetros (un nanómetro o nm equivale a una milmillonésima de metro), alrededor de un 50 % de la luz ultravioleta penetra un poco mas allá de las capas superficiales de la piel, mientras que con 400 nm, el 50 % alcanza las capas más profundas. Los rayos de luz con mayor capacidad de penetración pueden llegar incluso al cerebro. El cuerpo humano está ideado para absorber la luz ultravioleta por muy buenas razones: de no ser así, habríamos nacido con una pantalla natural en los ojos y la piel contra protegernos de los rayos UV. Una de las razones principales es que el cuerpo necesita la radiación UV para la división celular normal. La falta de rayos UV altera el desarrollo normal de las células, lo cual puede provocar cáncer, como confirmó el estudio científico de la doctora Shaw. La utilización de gafas de sol, incluidas las gafas normales y lentillas que reflejan los rayos UV, puede provocar ciertos trastornos oculares como la degeneración macular. La mayoría de las personas que llevan gafas de sol suelen decir que la vista se les debilita continuamente. La solución es sencilla: dejar de usarlas. Pronto se dará cuenta de que los ojos se acostumbran de nuevo a la luz. Hay otras formas de mejorar la vista y reducir la sensibilidad al sol: ejercicios visuales (véase mi libro lt’s Time to Come Alive), una buena nutrición y evitar forzar la vista y ver la televisión durante demasiadas horas.

Nuestro típico estilo de vida a puerta cerrada, además del excesivo sobreestímulo producido por alimentos y bebidas acidificantes, el aumento del colesterol y la deshidratación por efecto de la televisión y otros diversos factores de estrés ya son de por sí suficientes factores de deterioro de las células, incluidas las que forman los ojos. Al repeler regularmente la luz ultravioleta que tanto necesitamos (hoy en día se ponen gafas de sol incluso a niños y a algunos animales de compañía), los ojos son incapaces de autorrepararse debidamente y sustituir las células oculares gastadas. El aumento de la incidencia de la ceguera y de las enfermedades oculares en el mundo industrializado puede deberse en gran parre a la falsa noticia de que el Sol es peligroso. Debemos tener en cuenta que, hoy en día, en los países soleados, casi todo el mundo lleva gafas de sol. Es muy posible que ésta sea la causa de la proliferación de las cataratas en esos lugares. Puede que intervengan también otros factores, como la malnutrición (la diarrea puede provocar una grave desmineralización), el tabaquismo, la contaminación y las dietas pobres en nutrientes. Para mantener los ojos en buen estado de salud, es necesario asegurarse de que les llegue la luz solar directa o indirecta, preferiblemente durante una hora diaria por lo menos.

La razón por la que mucha gente se siente atraída por el Sol o lo echa de menos cuando está nublado es que el instinto natural del organismo es tomar el sol para captar las propiedades curativas y depurativas de la luz solar. Sin dejarse engañar por las cremas de protección solar y exponerse excesivamente, el cuerpo sabrá a ciencia cierra cuánto tiempo debe tomar el sol para conseguir un crecimiento equilibrado, y aunque llegue a quemarse, el cuerpo está perfectamente preparado para
sobreponerse.

Sin embargo, las interferencias químicas en ese proceso de auroprotección tienen graves consecuencias. Con el uso continuado de los fármacos o productos químicos que citaremos a continuación, tanto la piel como los ojos se vuelven hipersensibles a la luz, y la piel puede llegar a quemarse gravemente incluso a los pocos minutos de tomar el sol. Entre esos productos se encuentran agentes antibacterianos como la sulfonamida, el ya citado PABA y otros ingredientes de las cremas de protección solar, agentes hipoglucémicos utilizados por los diabéticos, diuréticos que controlan la hipertensión arterial, tranquilizantes y antidepresivos, antibióticos de amplio espectro, la quinidina usada para las arritmias cardíacas, compuestos antisépticos halogenados que se utilizan en cosméticos, muchos tipos de jabones, ingredientes sintéticos de la mayoría de productos de belleza 5 y antihistamínicos que se toman para resfriados y alergias.

Por otra parte, los cálculos hepáticos impiden que el hígado se desintoxique suficientemente de fármacos, alcohol y otras sustancias nocivas. Cualquier producto que el hígado no pueda eliminar de la sangre acaba en los riñones y en la piel. Una vez sobrecargada con esas toxinas internas altamente ácidas, la piel se vuelve más sensible a los elementos naturales como la luz solar. El cáncer de piel y las cataratas sólo suceden cuando el hígado y las paredes de los vasos sanguíneos están congestionados.

Es mucho más fácil tratar la causa de un problema físico que suprimir sus síntomas. Si una persona está tomando algunas de las sustancias citadas anteriormente y desea tratar la causa más que el efecto de una dolencia, debe consultar al médico habitual para que éste le indique cómo ir reduciendo su consumo, limpiar los órganos que favorecen la eliminación de las toxinas y al mismo tiempo empezar a tomar baños de sol, comenzando por uno o dos minutos e ir incrementando su duración cada día algunos minutos más (véase más adelante). Conviene tener cuidado de no quemarse. Si se utilizan gafas de sol. hay que ir acostumbrándose a la luz natural en la medida en que ésta no moleste. Poco a poco se irán dejando las gafas y ya no serán necesarias. Para evitar la deshidratación de la piel hay que beber agua antes y después de tomar d sol.

La luz del sol previene el cáncer, la esclerosis múltiple, las cardiopatías, la artritis, la diabetes…

Según un estudio publicado en la revista Cancer (marzo de 2002; 94:1867-75), una exposición insuficiente a la radiación ultravioleta puede constituir un factor de riesgo en Europa occidental y Norteamérica. Estos hallazgos, que incluyen las tasas de mortalidad por cáncer en Norteamérica, se contradicen con las advertencias oficiales sobre la radiación solar. La investigación demostró que la mortalidad a causa de diversos tipos de cáncer de los aparatos digestivo y reproductivo era aproximadamente el doble en Nueva Inglaterra que en el sudoeste de Estados Unidos, a pesar de que la dieta varía muy poco entre ambas regiones.

Un examen obtenido de 506 regiones develó la existencia de una estrecha relación inversa entre la mortalidad por cáncer y los niveles de luz UVB. El mecanismo más efectivo que proponen los científicos para lograr un efecto protector de la luz solar es la vitamina D, que se sintetiza en el cuerpo cuanto está expuesto a los rayos ultravioleta B. Según el autor del estudio, el doctor William Grant, las zonas situadas más al norte de Estados Unidos pueden no tener luz suficiente durante los meses de invierno para evitar que la síntesis que la vitamina D caiga en picada.

Si bien el estudio estaba centrado principalmente en los norteamericanos blancos, también se descubrió que esas mismas condiciones geográficas afectan a blancos y negros por igual, si bien estos últimos tienen un índice de mortalidad por cáncer significativamente más elevado. Como ya se ha descrito anteriormente, las personas de piel más oscura necesitan más luz solar para sintetizar la vitamina D.

El estudio mostró al menos 13 tipos de tumores relacionados con la falta de luz solar, la mayoría del aparato reproductor y digestivo. La correlación inversa más pronunciada es la del cáncer de mama, de colon y de ovarios, seguida de tumores de vejiga, útero, esófago, recto y estómago.

El Sol reduce el riesgo de contraer cáncer en un 50 % o más

En la década de 1940, Frank Apperly demostró que existe una relación entre la latitud y los decesos por cáncer. Apperly daba a entender que el Sol confería a las personas una relativa inmunidad frente al cáncer. En la actualidad se trata de un hecho probado. De acuerdo con dos recientes estudios realizados en la Universidad de San Diego, el nivel de vitamina D en sangre aumenta gracias a la luz solar, lo cual puede hacer disminuir en un 50% el riesgo de desarrollar un cáncer de mama y en más de un 65 % el de desarrollar un cáncer colorrectal.

A fin de aumentar la precisión del estudio, los investigadores recurrieron al metaanálisis para comparar los datos de múltiples estudios previos. Formaron diferentes grupos de individuos según sus niveles en sangre de vitamina D y compararon la incidencia de cáncer entre los grupos. Los datos resultantes mostraron que los individuos del grupo con el nivel de vitamina D más bajo tenían los índices más altos de cáncer de mama, y que los índices de este tipo de cáncer descendían al aumentar el nivel de vitamina. Lo más sorprendente del estudio es que se podía conseguir el nivel de vitamina D en sangre asociado a la disminución del 50 % del riesgo de contraer cáncer con sólo dedicar 25 minutos diarios a tomar el sol en el caso de las personas de piel oscura, mientras que las de piel más clara no tenían que dedicar más de 10 a 15 minutos. Estos resultados muestran que prácticamente el Sol es un sanador instantáneo, muchísimo más efectivo incluso que los fármacos anticancerígenos más agresivos como Herceptin.

El segundo estudio demostró que la misma cantidad de Sol se tradujo en dos tercios menos de riesgo de contraer cáncer colorrecral. Si algún médico o amigo pide al lector una prueba de esa «absurda» afirmación de que el Sol puede prevenir o curar el cáncer, puede remitirle al Journal of Steroid Biochemistry of Molecular Biology (doi: 10.1016/j.jsbmb.2006.12.007; «Vitamin D and prevention of breast cancer: Pooled analysis») y al American Journal of Preventive Medicine (tomo 32. n.º 3, pág. 210-216: «Optimal vitamin D status for colorectal cancer prevention – A quantitative meta-analysis»).

A diferencia de los fármacos, la cirugía o la radioterapia, la luz solar no cuesta nada, no tiene efectos secundarios dañinos y, al mismo tiempo, puede evitar otras muchas enfermedades.

De manera no muy diferente al estudio del cáncer, los investigadores descubrieron una estrecha relación entre la situación geográfica y la esclerosis múltiple (EM). El estudio reveló que la incidencia la EM disminuye cuanto más cerca se vive del ecuador (donde hay la mayor cantidad de rayos UV). Otro estudio (2007) demostró que dejar que los niños tomen el sol de forma saludable puede reducir de modo significativo el riesgo de contraer la EM cuando sean adultos. El equipo de la Universidad de Carolina del Sur considera que los rayos UV protegen al individuo al modificar la respuesta inmunológica de las células o incrementar los niveles de vitamina D. La EM es una de las enfermedades neurológicas más comunes, que afecta a unos dos millones de personas en todo el mundo. El equipo de investigación subrayó que la EM es más común en las latitudes altas, que suelen presentar unos niveles más bajos de radiación ultravioleta, el tipo de radiación que produce el Sol. La luz solar desencadena una reacción química en el cuerpo que conduce al organismo a producir vitamina D.

El Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos (NTH) ha relacionado la deficiencia de la vitamina D producida por el Sol con un aumento de la incidencia de numerosas dolencias, entre ellas la osteoporosis, la artritis reumatoide, las cardiopatías y la diabetes, por citar algunas. Hoy en día, hasta un 60 % de la totalidad de los pacientes hospitalarios y un 80 % de los pacientes de residencias de ancianos presentan déficit de vitamina D. Y, lo que es peor, un 76 % de las embarazadas sufren graves deficiencias de esta vitamina. Para aprovechar los beneficios del Sol en el combate contra las enfermedades, es necesario salir al aire libre al menos tres veces por semana, como mínimo de 15 a 20 minutos cada vez.

Los laboratorios farmacéuticos han reconocido también la importancia de la vitamina D en la curación del cáncer y otras enfermedades, y en la actualidad producen unos fármacos de gran coste que contienen vitamina D sintética. Sin embargo, la vitamina D sintética no tiene apenas ningún efecto en comparación con la vitamina D que produce el Sol. Además, cuando se añade vitamina D a los alimentos, como, por ejemplo, a la leche, pueden producirse graves efectos secundarios que incluyen la muerte en algunos casos (véanse más detalles en «La euforia de las vitaminas: palos de ciego», en el capítulo 14).

La sorprendente combinación del Sol y el ejercicio físico

La luz solar y el ejercicio físico proporcionan unos excelentes resultados para la salud y la forma física, pero cuando se combinan, los efectos se multiplican. Los enfermos de tuberculosis que se someten a una terapia solar (exposición regular al sol) experimentan un importante aumento del tono muscular con muy poca grasa, incluso si no realizan ningún ejercicio. Lo mismo sucede con una persona que sigue un programa regular de mantenimiento. Pero cuando se combinan el Sol y el ejercicio, el tono y la resistencia muscular aumentan mucho más que si se utiliza cada tratamiento por separado.

En la fisiología masculina, el desarrollo muscular está vinculado a la producción de testosterona, la hormona masculina. La antigua costumbre de los griegos de entrenarse desnudos sobre la arena caliente de la playa tenía por objeto desarrollar un cuerpo musculoso sano. Cuando el Sol toca cualquier parte del cuerpo, se incrementa la producción de testosterona, pero cuando entra en contacto con los genitales masculinos, la secreción alcanza niveles máximos. Un estudio del Boston State Hospital demostró que la luz ultravioleta incrementa el nivel de testosterona en un 120 % cuando el pecho o la espalda se expone al sol. Sin embargo, el incremento hormonal se dispara a un 200 % cuando el sol entra en contacto con la piel genital.

Los baños de sol regulares aumentan la fuerza y el tamaño de todos los grupos musculares del cuerpo del hombre. La combinación de Sol y ejercicio es, por consiguiente, Ideal para desarrollar un cuerpo fuerte y sano, cuyas funciones reproductoras alcanzan un grado óptimo. A partir de estas conclusiones, podría muy bien ser que la falta constante de Sol, junto a la congestión física, fueran la causa principal de los crecientes problemas de infertilidad que se producen entre la población urbana de todo el mundo. Si se desea mejorar la vida sexual o la capacidad reproductora, en vez de utilizar uno de los costosos tratamientos disponibles y arriesgar la propia salud a causa de sus graves efectos secundarios, yo recomendaría tomar el sol.

Las mujeres, por supuesto, también se benefician del Sol. Sus niveles hormonales se incrementan cuando se exponen especialmente a un espectro específico de los rayos UV, a saber, la de 290 a 340 nanómetros (UVB), que supuestamente son peligrosos e inservibles. Las mujeres que toman muy poco el sol tienen a menudo problemas menstruales o no tienen la regla. Pueden restablecer el ciclo menstrual regular tomando baños de sol de modo regular y pasando varias horas al día al aire libre. La normalización de los ciclos menstruales suele producirse a las escasas semanas del inicio de la terapia solar.

Además de regular la menstruación, la terapia solar también puede ayudar a las personas que sufren hipertensión arterial. Diversos estudios han demostrado que a los pacientes hipertensos que siguieron un tratamiento basado en un programa de ejercicio intenso de seis meses de duración la presión arterial se les redujo en un 15 %, mientras que aquellos que se sometieron a una única exposición a los rayos ultravioleta vieron cómo la tensión arterial descendía notablemente durante cinco o seis días. Por consiguiente, hacer ejercicio al sol puede ser uno de los mejores tratamientos naturales para la hipertensión, sin ningún coste ni efectos secundarios. Al mismo tiempo, el ejercicio y los baños de sol aumentan la eficiencia cardíaca, medida por la cantidad de sangre que bombea el corazón con cada latido. Una sola exposición a los rayos ultravioleta del Sol aumenta la eficiencia cardiaca en un 39 %, y también dura unos 5 o 6 días. Este tipo de enfoque podría sustituir perfectamente a los fármacos que se utilizan generalmente para estimular el corazón. Conviene señalar que el Sol no sólo actúa como un medicamento que simplemente elimina los síntomas de la enfermedad, sino que también restablece el equilibrio corporal y mental.

Los diabéticos también pueden beneficiarse del ejercicio físico y del Sol, pues los niveles de azúcar en sangre descienden cuando hacen ejercicio o toman el sol. Una única exposición al sol estimula la producción de la enzima fosforilasa, que reduce la cantidad de glucógeno almacenado. Dos horas después de tomar el sol, otra enzima, la glucógeno sintetasa, aumenta la cantidad de glucógeno acumulado en los tejidos, a la vez que reduce el nivel de azúcar en sangre. Así pues, la luz solar actúa como la insulina. El efecto puede durar varios días. Es importante que los diabéticos tengan en cuenta que necesitarán graduar la dosis de insulina y consultar periódicamente con su médico mientras aumentan paulatinamente el tiempo de exposición al sol.

Además, tanto el Sol como el ejercicio físico tienen el efecto beneficioso de reducir el estrés, en particular mitigando el nerviosismo, la ansiedad y el desequilibrio emocional; aumentando la tolerancia al estrés, la confianza en uno mismo, la imaginación y la creatividad; cambiando el estado de ánimo y el carácter en sentido positivo y reduciendo los hábitos no saludables, como el abuso del tabaco y el alcohol. Diversos estudios realizados en Rusia han demostrado, asimismo, que las úlceras duodenales mejoran mucho si se toma regularmente el sol.

Según una investigación realizada en Estados Unidos, si a un programa de ejercicio físico se añadían unas sesiones de baños de sol, los sujetos experimentaban un aumento de su rendimiento en las pruebas físicas. Por otro lado, aquellos que se expusieron a la luz UV tuvieron un 50 % menos episodios catarrales que aquellos que no se expusieron. El sistema inmunitario de esos sujetos se mantenía en unos niveles muy altos de eficiencia; también los niños que recibían dosis suplementarias de rayos UV durante el invierno rendían mucho más en los entrenamientos. Ir de vacaciones a un lugar soleado, por ejemplo, puede ayudar a mantener el sistema inmunológico equilibrado durante el invierno. Pasar cada día algo de tiempo al aire libre, aunque haga frío, también ayuda a la hora de tomar los rayos UV necesarios. Las lámparas de rayos UV también pueden llegar a ser muy útiles. La lámpara modular de rayos UV que se comercializa en la página web del doctor Mercola, www.mercola.com, produce radicales de hidroxilo y otros elementos que neutralizan las toxinas y destruyen los microbios de modo efectivo hasta de 0,001 micra de tamaño que entran en contacto con los potentes rayos que UVC.

Y si el lector toma analgésicos, podría comprobar lo siguiente: un reciente estudio hospitalario descubrió que los pacientes que permanecían en habitaciones más soleadas necesitaban menos analgésicos que los pacientes que estaban en habitaciones más oscuras. De hecho, consiguieron reducir un 21 % los gastos de farmacia.

4. Las personas de piel oscura, como los africanos, no reciben gran parte de los rayos solares y necesitan varias horas de sol al día para mantenerse sanos. Las personas de piel clara necesitan menos horas de sol (de 20 a 60 minutos al día) para beneficiarse de los rayos solares. Al ser criaturas terrestres, estamos concebidos para vivir en un entorno natural. Privarnos de Sol durante largos períodos de tiempo representa un importante factor de riesgo.

5. Las mujeres que utilizan diariamente productos de maquillaje sintéticos pueden llegar a absorber hasta dos kilos de productos químicos al año. Esos agentes químicos pasan directamente a la sangre y penetran en los tejidos blandos de los órganos. Los efectos secundarios van desde la irritación cutánea hasta el cáncer. El lnstituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo de Estados Unidos ha declarado que unos 900 agentes químicos utilizados en productos cosméticos son tóxicos. Una categoría de esos agentes químicos son los parabenos, conservantes que se han relacionado con el cáncer.

[divider]Leer la primera parte de Los secretos curativos del sol. Parte 1.

Continuar leyendo la cuarta parte de Los secretos curativos del sol. Parte 4.

[divider]Fuente: Libro “Los secretos eternos de la salud” de Andreas Moritz. Ediciones Obelisco. Capítulo 8 págs. 350 a 375.

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