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Comer animales

Cuando Jonathan Safran Foer iba a convertirse en padre empezó a preocuparse por la forma más responsable de alimentar a su hijo. ¿Cuáles son las consecuencias de comer animales para la salud? ¿Cuáles los efectos económicos, sociales y ambientales de hacerlo? Mezclando con maestría filosofía, literatura, ciencia y la narración de sus propias aventuras detectivescas, Comer animales explora el origen de nuestros hábitos alimenticios: desde las costumbres nacionales a las tradiciones familiares, pasando por una atroz falta de información. Con una profunda perspicacia, un equilibrado sentido ético y una creatividad desbordante, Safran Foer revela la espeluznante verdad sobre el precio pagado por el medio ambiente, el Tercer Mundo y los animales para que podamos tener carne en nuestras mesas.

A consecuencia del nacimiento de su primer hijo, Foer se planteó la cuestión del origen de la comida que tanto él como su familia consumían a diario, especialmente los alimentos de origen animal. Para encontrar la respuesta a esta pregunta, Foer investiga las prácticas habituales de la ganadería y de la pesca comercial, centrandose en particular en las condiciones de los mataderos de los Estados Unidos y en la práctica de la sobrepesca. Durante su investigación, Foer se encuentra con numerosas prácticas que desaprueba –por ejemplo, el hecho de que los pescadores de gambas de Indonesia llegan a matar unos 58 kg de animales marinos por cada kilogramo de gambas que capturan; de la misma manera, Foer denuncia que, en los mataderos estadounidenses, uno se encuentra de manera habitual con animales que han sido degollados, desollados, y desmembrados mientras permanecían vivos y conscientes. Profundizando aún más en las prácticas de la industria ganadera estadounidense, Foer denuncia que las pobres condiciones higiénicas que sufren los animales contribuyen a las difusión de enfermedades que afectan a los humanos, –por ejemplo, la gripe aviar H1N1, que se originó en un establo de Carolina del Norte, o la salmonela, que llega a contaminar el 98% de los pollos que se ponen a la venta en los Estados Unidos.

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